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Tuesday, March 27, 2012

Seis meses de Borreguito y de lactancia materna exclusiva

La verdad es que llevo mucho tiempo emocionada por poder escribir este post. Me lo prometí como un premio y por fin el gran día llegó. Hoy cumplimos seis meses de lactancia exclusiva.

Borreguito, aw

La historia de mi primera lactancia la pueden leer aquí: http://mothersutopia.org/wordpress/2011/02/21/del-amor-al-odio-y-a-medio-camino-de-regreso/ pero si no pueden/quieren, basta con saber que tenía muchas ganas de que funcionara, creía que tenía toda la información, las ganas y la disposición necesarias, pero al final no funcionó y ese fracaso se convirtió en una espinita que quería sacarme con mi segundo bebé.

Quizá el cambio más significativo entre mi primera experiencia y la segunda fue la presencia en mi vida virtual de las #mamástuiteras, muchísimas de ellas prolactivistas y mamás lactantes que durante meses me fueron proporcionando información y apoyo. Sin duda llegué mucho mejor armada al nacimiento de mi hijo.

Pero definitivamente las políticas del hospital y del personal de enfermería fueron el factor decisivo para que mi lactancia funcionara. Antes de que naciera el Borreguito, tuvimos una cita en el hospital donde nos explicaron sus procedimientos y mostraron las instalaciones; una parte muy importante de esa cita fue preguntarme a mí qué era lo que yo quería hacer en cuanto a la alimentación de mi bebé y fueron muy claras al respecto: consideran a la lactancia como el método natural y óptimo de alimentación, pero respetan lo que los papás quieren hacer, dando entonces tres opciones:
1. Que se apoye la lactancia materna exclusiva.
2. Que en caso de que exista algún problema, se ofrezca la alimentación artificial (biberón y fórmula).
3. Que se otorgue alimentación artificial exclusiva.

La diferencia entre la primera y la segunda opción es muy simple: no existe mención alguna de la posibilidad de darle fórmula al bebé. Evidentemente, si te arrepientes y solicitas fórmula, no te la van a negar, pero las enfermeras por sí mismas NO te la ofrecen si escogiste la primera opción. Esa fue la que nosotros elegimos y nos aseguraron que actuarían en consecuencia.

Borreguito nació por medio de cesárea, una cesárea, que desde mi punto de vista, fue respetuosa, gentil y hasta divertida (es que el esposo y mi doctor tienen el mismo humor y no vean la de bobadas que decían). En ningún momento me separaron de mi bebé y la recuperación se llevó a cabo en mi cuarto y con mi bebé en brazos. Cuando nació, lo limpiaron rápidamente y me lo entregaron con su gorrito azul como se usa en estos lares y así tal cual me llevaron en la camilla a mi cuarto, donde me separé brevemente de él porque se lo entregué a mi mamá para que lo conociera.

Pocos minutos después, una enfermera entró y me preguntó si estaba lista para lactar. ¡Claro que lo estaba! El momento tan esperado por tantos meses había llegado por fin. La enfermera puso, literalmente, manos a la obra y, pidiéndome permiso, por supuesto, colocó al bebé en mis brazos en la posición adecuada y después tomó ella misma mi pecho para enseñarme cómo hacer que el bebé se prendiera. 

Borreguito se prendió solito, instintivamente; es algo sumamente hermoso ser testigo de la gran sabiduría de la naturaleza. Mi bebé sabía cómo comer y lo hizo. La enfermera me explicó que al principio tendría calostro y que en un día o dos la leche bajaría y la lactancia comenzaría a establecerse; que la lactancia es un delicado sistema de oferta y demanda y que tenía que alimentar al bebé cuantas veces quisiera, tan seguido como lo pidiera pues así es como se va estableciendo la producción necesaria de leche. Es un gran error creer el mito de que podemos no tener suficiente leche, si dejamos que el bebé se prenda cuando lo pide, estamos contribuyendo a que la producción se incremente.

Pasé dos días y medio en el hospital y, tal como lo esperaba, el bebé pedía de comer muy seguido y tenía sesiones larguísimas, que a mí me parecían eteeeeeeeernas. Creo que no tuve problemas en el hospital, siempre las enfermeras fueron muy amables y cooperativas y hacían lo posible porque estuviera cómoda enseñándome las diferentes posiciones que existen para amamantar. Lo que sí recuerdo bien es lo extenuada que terminaba después de alimentar al bebé, y muchas veces llegué a quedarme dormida mientras él seguía comiendo, además de que comía casi cada hora... fue pesado pero creo que justamente por eso durante el primer mes -o más- la prioridad de la familia debe ser que la mamá y el bebé estén juntos y tranquilos para conocerse y adaptarse. No ayuda en nada que amigos y familiares se ofrezcan a darle un biberón al bebé o a cuidarlo un rato para que la mamá pueda hacer cosas en la casa o cuidar a sus demás hijos, una ayuda real es que ellos hagan cosas en la casa para que la mamá solo tenga que preocuparse por el nuevo bebé y por convivir con sus otros hijos sin estar completamente a cargo de ellos.

Cuando regresé a casa comencé a tener problemas, que fueron los mismos que tuve con la Frijolita. El agarre estaba mal y por lo tanto comencé a tener problemas de grietas y sangrado en los pezones. La succión del bebé es muy fuerte y si el agarre no es el correcto, el pezón puede lastimarse. Solo bastaron un par de días para que yo estuviera muy lastimada,  el dolor era sumamente intenso y a veces hasta sangraba. La diferencia entre la primera experiencia y la segunda, fue que busqué ayuda profesional. Acudí en cuanto me fue posible al hospital donde nació el bebé para un chequeo de seguimiento y para que me ayudaran con el agarre. Francamente, me desanimé mucho cuando una de las enfermeras me dijo que hacía AÑOS no veía pezones tan lastimados como los míos, pero salí contenta de esa cita cuando otra enfermera más joven puso "manos a la obra" y me corrigió el agarre. De repente, no me dolió nada a pesar de que ya estaba muy lastimada y recuerdo bien que lloré de la alegría porque me quedó claro que sí era posible lactar sin dolor.

También hubo algo de preocupación porque el bebé no estaba ganando peso; es normal que los recién nacidos pierdan peso durante los primeros días, pero deben recuperarse dentro de las primeras dos semanas; lamentablemente, mi Borreguito no estaba ganando peso al ritmo que las enfermeras esperaban, principalmente porque, debido al dolor y a que el agarre era incorrecto, el bebé no estaba comiendo bien ni lo suficiente. Las instrucciones fueron: darle de comer cada que el bebé pidiera y no despegarlo hasta que solito terminara... se imaginarán que debido al dolor era muy difícil soportar tomas de hasta 45 minutos.

A eso súmenle que mis papás se regresaron a México. Como siempre, me quedé triste y llorando y de alguna manera me sentí muy sola sin la presencia femenina y comprensiva de mi mamá. Aunque el esposo apoyaba mi lactancia al 100 por ciento, podía detectar un dejo de preocupación en su semblante que como una pequeña alarmita me indicaba que si las cosas no mejoraban pronto, haría la propuesta de cambiar a fórmula. Mi papá, antes de irse, me dio un beso en la frente y me dijo que se iba contento por haber conocido a Borreguito y por dejarme recuperándome y caminando y al bebé lactando, que así se podía ir en paz, eso, sin duda, me dio mucha seguridad para seguir adelante. 

Pero llegó un momento en el que el bebé me pedía de comer y yo me ponía a llorar. Por ratitos llorábamos los dos, había veces que tenía pánico de pegármelo, y muchas veces me lo pegaba y me lo volvía a despegar porque no soportaba el dolor, ese dolor que aquí llaman "toe curling" y que, literalmente, hace que encojas los dedos de los pies mientras las manos te sudan y por la espalda te recorre un escalofrío. Imaginen pasar por eso 12 veces al día o más.

Pero yo estaba decidida a no darme por vencida y además, después del día que la enfermera me colocó al bebé sin dolor alguno, estaba muy consciente de que corregir el agarre era posible y que lo que necesitaba era más ayuda. Casi al mismo tiempo decidí dejar de tomar el analgésico que me habían enviado ya que era un tanto narcótico y me tenía sumamente atontada, lo cual no ayudaba en nada a mi cansancio y todas las demandas del nuevo bebé y de la Frijolita.

Así que regresé al hospital una vez más, aunque esta vez no conseguí tanta ayuda al principio porque me aseguraron que el agarre estaba bien y solo era cosa de acostumbrarnos y de sanar (pero no puedes sanar si no te tomas un descanso, y si tomas un descanso peligra tu lactancia y... total que no le veía solución alguna al problema). Después ocurrió algo malo: una enfermera se equivocó de expediente y tras pesar al Borreguito y anotar los nuevos datos en el expediente incorrecto, nos dijo que la situación era alarmante porque el bebé estaba perdiendo muchísimo peso. Sobra decirles que de inmediato estallé en llanto y el esposo se preocupó/enojó/alarmó de tal forma que casi corre por una lata de fórmula. Nos dimos cuenta de que había un error cuando la enfermera dijo "lamentablemente, desde el principio ha habido muchas complicaciones con este bebé"... ah caray, pues no, ahí no nos cuadró nada y tras reclamos y aclaraciones, resultó que no, que MI bebé estaba bien, no tan bien como queríamos pues seguía sin ganar suficiente peso, pero estaba progresando poco a poco.

Otra enfermera que me vio llorar, acudió a mi lado para consolarme y me revisó. Constató que estaba muy lastimada y me recomendó que le pidiera a mi médico me recetara una crema que usan en British Columbia para pezones agrietados. Esa crema (Viaderm) fue mi entera salvación, pero el error de la otra enfermera me había dejado muy nerviosa y preocupada.

La crema (que tenía que aplicar con cuidado y lavar totalmente antes de alimentar al bebé pues contiene corticoides) me ayudó de inmediato y desde el primer día comencé a sanar, pero el agarre seguía sin sentirse "bien" y yo sabía que de no corregirlo, ni toda la crema del mundo iba a lograr que lactáramos exitosamente, así que acudí a una consultora de lactancia que el gobierno de Ontario proporciona en caso de que la madre así lo desee y lo solicite.

La consultora fue a mi casa, revisó al bebé y lo pesó y luego me revisó a mí. Me confirmó -una vez más- que el agarre estaba bien, al menos en teoría, y que más bien hacía falta asegurarse de que el bebé siempre abriera la boca bien grande. Después vino el regaño, yo le estaba dando de comer al bebé cada que me pedía... pero si en la noche no se despertaba en cuatro horas, yo no lo despertaba, y si durante el día hacía lo mismo, tampoco lo molestaba. Ese fue un gran error, había confundido el "a demanda" con "cuando él quisiera" pero en realidad es "a demanda sin dejar de pasar más de dos horas" durante las primeras semanas. Como el Borreguito había tenido algo de hictericia, dormía mucho y podían pasara varias horas sin que se despertara... por eso no estaba ganando peso adecuadamente.

La consultora se fue dejándome "de tarea" darle de comer cada hora ("auuuuuuuuch", pensaba yo) DE DIA Y DE NOCHE, y me dijo que regresaría en unos días para revisar que todo estuviera bien.

Y sin saberlo, llegó la más grande batalla que luché por mi lactancia y fue con el esposo. El pobre se quedó TAN preocupado tras la visita de la consultora que se dedicó a perseguirme para asegurarme de que alimentara al bebé cada hora y hasta que él solito se soltara. La consultora había dicho que regresaría en tres días y que para entonces el bebé tendría que haber ganado 200 gramos.

El esposo estaba tan nervioso que me pidió que complementáramos con fórmula o con leche mía usando el extractor (¡como si extraerse leche fuera tan fácil!) y un día de plano la tensión entre los dos llegó a tal punto que nos dimos un agarrón de aquellos, él obsesionado con que las cosas no estaban funcionando y tenía que complementar, y yo aferrada a que sí iban a funcionar y que confiara en mí, en mi cuerpo y en mi capacidad para alimentar a nuestro hijo.

El agarrón llegó a tal que creo que le aventé el extractor y le dije que si tanto quería que lo usara, que lo lavara y lo esterilizara y que él le diera el biberón. Tuvieron que pasar varias horas de estar alejados tras un pleito que ya quisieran en el programa de Jerry Springer (bromeo, bromeo), pero al final me salí con la mía y me dio hasta la siguiente visita de la consultora para tomar una decisión.

Cuando la consultora llegó por segunda vez, yo temblaba de miedo pues no sabía si el bebé había ganado peso. El resultado fue que ganó más de lo que ella esperaba y entonces el esposo recuperó la confianza en la lactancia y en mí. Una semana más tarde sería la última cita con la consultora y el bebé seguía ganando peso. Mi última "prueba" fue la primera visita con el médico familiar (aquí no van con el pediatra a menos que haya un problema grave) y para entonces ya estábamos en el rango normal de peso para los bebés de esa edad. Lo había logrado.

Entre tanto, el dolor seguía pero cada vez mis heridas iban sanando más. Nunca olvidaré, y mucho menos el esposo, una noche en la cual sentí que se me caía un pedazo de piel de la puntita del pezón y que grité "my nipple fell oooooofffffff!!!"... el esposo se levantó como ráfaga, asustadísimo, y casi se infarta al ver la boquita del bebé llena de sangre y yo con un pedacito de piel en la mano, llorando. Ja, al final, resultaba que, obviamente, no se me había caído el pezón sino que un pedazo de costra se había despegado con la succión... ¡qué sustote! Ahora, claro, nos reimos muchísimo de ese episodio.

El dolor se iba haciendo más soportable, el agarre iba mejorando y el bebé y yo nos íbamos adaptando cada vez más. Cada que tenía una mala noche, que no aguantaba el dolor o que sentía que no veía la luz al final del túnel me conectaba a Twitter y le pedía consejo a las #mamástuiteras. Nunca me faltó apoyo, palabras de aliento, consejos y cariño por parte de ellas y todas sus porras y energía me daban lo que necesitaba para continuar, incluídos los tuits en los que me recordaban que si decidía parar, no tenía de qué preocuparme o avergonzarme pues lo había intentado y eso era lo importante.

Muchas me decían que el dolor mejoraba o paraba después de las primeras dos semanas, algunas decían que más bien después del primer mes y otras más que todo mejoraba tras los primeros tres meses, así que decidí ponerme metas pequeñas en lugar de irme con todo por el año completo (que era mi meta inicial antes de que naciera el bebé). Empecé por decirme "ok, ya lo logramos una semana, ahora vamos por dos"; cuando cumplí las dos, me propuse ir por el mes; cuando cumplí el mes, me propuse los tres meses; a los tres meses me propuse seis y hoy me he propuesto un año.

Cada una de las pequeñas metas han tenido sus retos. Primero fue el insoportable dolor, después fue el dolor y el tiempo tan largo de las tomas (hasta 50 minutos algunas veces), después el aprender a acomodarme (siempre necesitaba mi cojín de lactancia o muchas almohadas...  hasta cargaba con mi cojín para ir a casa de mi cuñada o a algún otro lugar);  aprender a cuidar a mi bebé recién nacido sin descuidar a mi hija de dos años (que por cierto, "curiosamente", cada que le daba de comer al bebé, necesitaba algo); aprender a dar de comer en público de manera discreta para no incomodar a nadie, pero también aprender a que se me quitara la pena de alimentarlo fuera de casa; después regresar a trabajar, dejar a mi bebé de tan solo dos meses en guardería y comenzar a extraerme todos los días en el trabajo la leche necesaria para el día siguiente). También fue difícil sobrellevar los picos de crecimiento y esa época que tuvo el Borreguito de periodos de inquietud (fussy times) en los que no me quería soltar durante horas y yo me agobiaba y agotaba porque al mismo tiempo tenía a la Frijolita demandando atención, muerta de celos y haciendo berrinche.

Me imagino que vendrán otros retos, todavía nos falta la dentición, y seguramente darle de comer a un bebé más grande tiene dificultades diferentes, pero estoy segura de que, como hasta ahora, saldremos adelante.

A pesar de que ha habido dificultades, las he superado porque he contado con muchísimo apoyo: El esposo, después del pleito digno de espartanos, se puso la camiseta de la lactancia y cada vez está más orgulloso de nuestros logros y de cómo ha crecido nuestro bebé; mis papás, por supuesto, han estado de mi lado desde el principio y me siguen echando porras desde México; mis amigas de aquí y las de allá y acullá que están contentas por mí y me animan; nuestro médico familiar que es prolactancia y celebra nuestras decisiones y las apoya recetándome lo necesario para incrementar la producción cuando regresé a trabajar (remedios naturales como fenogreco y después Domperidone); la guardería, que me permite irle a dar de comer al bebé a mi hora de comida y ha sido muy flexible para aprender el manejo adecuado de la leche materna; mi jefe y mis compañeros, que ha respetado y apoyado mis horarios de extracción, y hasta mi cuñada, que al principio no se mostraba nada partidaria de la lactancia y ahora me felicita al ver que el Borreguito es un niño sano y grande.

Y es que es eso lo que las mamás necesitamos: información y apoyo. Necesitamos todo un sistema a nuestro alrededor que nos permita amamantar y ese sistema no se restringe al círculo inmediato de la mamá, sino que debe extenderse a su empleador, al sistema de salud y, si me apuran, a la sociedad entera. Para que una lactancia sea exitosa se necesita una sociedad que no solo de dientes para fuera la apoye sino que se comprometa a provernos de todo lo necesario para lograrlo. Creo que he sido muy afortunada pues he tenido a mi alcance todos los recursos para seguir amamantando a mi hijo desde antes de que naciera, pero sé muy bien que no es así para todas las mamás.

La lactancia no siempre es fácil, no siempre todo son halos de luz, unicornios y arcoiris, hay días en los que una está cansada o adolorida, a veces una quisiera irse de fiesta con las amigas o tomarse otra copa de vino y se acuerda de que no puede; a veces una tiene ganas de salir de viaje con el marido a solas y se acuerda de que para ello tendría que construir un banco de leche y extraerse durante el viaje, etc. La lactancia requiere esfuerzo y compromiso (aunque por donde lo vean, es mucho más fácil amamantar que preparar biberones de fórmula, y además, es GRATIS). Pero a pesar de ello es la mejor decisión que pude haber tomado para mi hijo. La comida de mi Borreguito siempre está lista, a la temperatura ideal y con los nutrientes y defensas necesarios para él; además, no lo puedo negar, tras un día ajetreado donde tengo muchas cosas en la cabeza, ese rato que solo es suyo y mío, donde estamos juntos y nos dedicamos el uno al otro me llena de mucha calma y mucha paz.

Así que sí, amamantar puede conllevar algunos retos y bastante esfuerzo, pero ¿no siempre estamos diciendo que haríamos TODO por nuestros hijos? ¿No siempre nos llenamos la boca diciendo que daríamos nuestra vida, un brazo, una pierna, lo que fuera por ellos? Bueno, pues ahí está, si lo decimos con honestidad, entonces uno o dos años de estar disponibles para amamantarlos no suenan a tanto ¿no?

Yo el día de hoy celebro con mucha alegría estos primeros seis meses y me dispongo a ir por más. Y si me lo permiten, aquí les tengo mi receta para una lactancia exitosa:

- Estar muy bien informada antes del nacimiento del bebé.
- Informar a médicos, enfermeras y familiares de nuestras intenciones y solicitar de manera firme su apoyo.
- Tener mucha paciencia con nosotras mismas y el bebé.
- Buscar ayuda profesional en caso de que surjan problemas de agarre u otro tipo.
- Colechar y aprender a dar de mamar estando acostadas (créanme, les facilitará la existencia de una forma increíble).
- Estar informadas de sus derechos en el trabajo con respecto a la lactancia (horas de lactancia, permisos y lugares para extracción de leche materna, etc.).
- CONFIAR EN QUE EL CUERPO SABE QUÉ HACER.
- Disfrutar lo bueno y lo malo, porque los hijos crecen en un santiamén y esto también pasará.

De verdad y de corazón, muchas gracias a todos los que me han apoyado durante esta aventura, sobre todo a mi tribu virtual y la presencial (las amigas en Tomatito, la tica, las colombianas, las mexicanas y la canadiense) y en especial al güerejo esposo renegón, que siempre apoya mis locuras y aunque por un momento vaciló en este asunto, se puso de mi lado y de ahí no se ha movido más, defendiendo a capa y espada nuestra lactancia.

Para finalizar, quisiera hacer mención de las #mamástuiteras que tanto me ayudaron. ¡Espero no me falte ninguna! Muchas gracias chicas #vivalalactancia

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Wednesday, February 29, 2012

En su justo lugar y perspectiva: Quejarnos menos y agradecer más

Aunque este invierno no ha sido tan crudo como los pasados, a mí ya me empezó a dar "cabin fever" y empieza a causarme un poco de ansiedad el sentirme encerrada y sin nada qué hacer con dos niños que, creo yo, necesitan mucho más movimiento que el que pueden tener en la casa. El problema aquí no es solo el invierno sino el hecho de que vivimos en un pueblito bicicletero que no tiene mucho qué ofrecer para los niños (y para nadie, la verdad) y todo lo que vale la pena está a una hora o más manejando, lo cual no es nada práctico, así que el fin de semana pasada pasé, no les miento, horas pensando en qué hacer para entretenernos y salir de la casa. Al final, se nos ocurrió llevar a los niños al alberca del complejo deportivo local para que todos pudiéramos pasar un rato agradable.

Cuando empecé a alistar a la familia para irnos, cometí un error garrafal: le puse el traje de baño a la Frijolita en la casa. Digo que fue un error porque ella se emocionó muchísimo y después no podía entender por qué queríamos ponerle encima otra vez la ropa de calle, la chamarra, las botas y el gorro ¿pues qué no íbamos a nadar? ¿qué cosa cruel era esta de ponerle el traje de baño y luego volverla a vestir? ¿acaso sus papás se habían vuelto locos? La Frijolita no estaba dispuesta a dejarse vencer y nos otorgó el que quizá ha sido el más grande berrinche que ha hecho hasta ahora.

La cosa con los berrinches es que son la única forma que tienen los niños muy pequeños de expresar su frustración. Yo trato de imaginarme que a los niños les sucede lo que a mí me pasaba TODOS los días cuando vivía en China: estás frente a alguien con quien piensas que no debería ser tan difícil entenderte pero ¡no entiendes nada! Y no solo eso sino que tampoco te entienden y la barrera del idioma se convierte de repente en algo tangible y sumamente frustrante que hace que te quieras tirar de los pelos. Yo lo viví durante tres años y, francamente, a veces me quería tirar al suelo a llorar, así que puedo comprender perfectamente que mi hija de dos años explote en un mar de lágrimas porque sus papás no están entendiendo lo que quiere comunicar. Créanme, es HORRIBLE.

Así que en general trato de tener toda la paciencia posible y seguir explicándole lo que pasa, con palabras simples, agachándome para estar a la misma altura, viéndola a los ojos. "Nena, te tenemos que vestir porque para ir a la alberca hay que salir a la calle y hace mucho frío". Nada, cuando el berrinche está a todo lo que da, es muy difícil pararlo. Con todo y que para todo lo demás en mi vida soy sumamente impaciente, increíblemente, los berridos de mis hijos no me alteran sino que bloqueo el ruido y me concentro en guardar la calma y resolver el problema. Lo malo es que el Maple Pie no es así y para él era muy difícil estar escuchando los gritos por demás agudísimos de la Frijolita y tratar de vestirla mientras ella se retorcía y se rehusaba a meter los pies en el pantalón. El berrinche terminó explotando por los dos lados, con el esposo enojado y queriendo abortar la misión porque "para qué todo este desastre si ya estamos todos de malas" (¿todos, kemo sabe?) "y además para el poquito tiempo que vamos a estar en la alberca, no vale la pena".

Así que me tocó armarme de más paciencia para terminar de vestir a la Frijolita, que seguía pataleando, consolarla, preparar al Borreguito, preparar las cosas de todos y convencer al esposo de seguir adelante con el plan. Funcionó y por fin salimos rumbo al deportivo, aunque a esas alturas, la única con media sonrisa en la cara era yo (bueno y el Borreguito porque no tenía ni idea de qué sucedía). El complejo deportivo, la verdad, está bastante bien y tiene en el área de la alberca un vestidor familiar mixto, con lockers y vestidores amplios, una maravilla. Ahí nos encontramos con una mujer, acompañada de otra más joven, que llevaba dos muchachos cercanos en edad que a mí me parecieron hermanos. Los dos muchachos claramente sufrían de discapacidad, pero la de uno de ellos era sumamente severa y contaba con una serie de deformaciones extremadamente graves que ni siquiera puedo describir, se encontraba, por supuesto, en una silla de ruedas.

Mientras alistábamos a nuestros niños, nos tocó ver cómo ellas alistaban a los dos muchachos y cómo preparaban al muchacho en silla de ruedas para ponerlo en una silla especial para meterlo a la alberca (el complejo tiene rampas en la alberca pues dan terapias de rehabilitación física). Salimos hacia la alberca casi al mismo tiempo que ellas y después, mientras nosotros jugábamos con los niños en la parte baja, aquella mujer realizaba ejercicios con los dos muchachos ayudada por la otra chica, que supongo era la terapeuta.


Este episodio fue un momento de mucha reflexión para mí. Ahí estábamos nosotros dos, con nuestros dos hijos sanos, nadando porque estábamos aburridos en la casa y planeando una noche simple de pizza y películas; mientras tanto, ahí estaba esa mujer con sus dos hijos discapacitados, haciendo ejercicios de rehabilitación para poder darles una mejor calidad de vida. No quiero decir que su vida sea peor o mejor que la mía, es simplemente una vida diferente, pero eso sí, mucho más difícil y me atrevo a decir, llena de dolor.


La lástima es un sentimiento negativo y no fue eso lo que me invadió, pero sí se apoderó de mí una fuerte sensación de agradecimiento, humildad y un poco de vergüenza. Otra vez, por pura casualidad, créanme, nos tocó encontrarnos en el vestidor y al mismo tiempo empezamos a preparar a nuestros hijos para partir. Está por demás decir que nosotros, con dos niños pequeñitos, chamarras, botas, gorros y guantes, terminamos primero. Cuando nos fuimos, me despedí de ellos con un "bye, have a great day". Me quedé pensando mucho y lo que quiero compartir con ustedes es esto:


¿Cuántas veces nos quejamos de nuestros hijos o perdemos la paciencia con ellos sin ponernos a pensar si realmente vale la pena sentirnos así y si estamos siendo justos con nosotros y con ellos?


¿Cuántas veces, por el contrario, ponemos las cosas en perspectiva y nos ocupamos más en agradecer que en quejarnos?


Si el mayor problema que tenemos con nuestra hija es que hizo una pataleta y no se dejaba poner la ropa porque no nos estábamos entendiendo con ella, creo que somos extremadamente afortunados.


Si el mayor problema que tenemos con nuestro hijo es que no le gusta estar mucho tiempo solo y a veces no me da tiempo de tomar el baño largo que añoro, creo que somos extremadamente afortunados.

Somos afortunados por el hecho de que somos padres, porque nos pudimos embarazar rapidísimo las dos veces, porque, con todo y las incomodidades y dolores normales, viví dos embarazos saludables y que llegaron a término y porque me entregaron dos bebés sanos en todos los sentidos habidos y por haber.

Si mi mayor tragedia en la vida es que no pude parir a mis hijos de manera natural, en agua y en mi casa como yo quería y tuve que pasar por dos cesáreas, soy afortunada. Si mi mayor frustración con mi hija es que, por las razones que sea, no la amamanté como quise, soy afortunada. Si mi mayor preocupación cuando nació mi hijo fue que nació con una pequeña bolita en el lóbulo derecho ("skin tag" o "lunar de carne" me han dicho que se dice), soy extremadamente afortunada.


Todo fuera como eso.


Mi admiración completa y total para los padres que con su mayor esfuerzo y amor crían a un hijo con alguna discapacidad o problema. No puedo siquiera empezar a imaginar lo difícil que debe ser en todos los aspectos. Quizá no puedo hacer nada para aminorar su carga, pero la enseñanza que nos dejan a los demás papás todos los días no debe pasar desapercibida. 


De verdad me parece que no hacemos el suficiente esfuerzo todos los días por darnos cuenta de lo afortunados que somos, pero no solo eso, por poner en perspectiva los pequeños inconvenientes del día a día, que si el niño no se comió todas sus verduras, que si la niña se arrancó los moñitos del pelo que tanto trabajo nos costó ponerle, que si se ensuciaron el trajecito que les pusimos,  que si no dejan de decir "mami, mami, mami, mami" mientras caminan tras de nosotras cuando estamos haciendo una llamada importante... en fin, tantas y tantas cosas pequeñas y sin importancia que nos tomamos demasiado a pecho sin ponernos a pensar en la fortuna que tenemos en tener hijos que pueden moverse, caminar, hablar y hacer travesuras.


Todo fuera como eso ¿no creen?

Monday, May 16, 2011

La vida está centrada en mamá

La mamá del esposo falleció hace ya diez años, así que no tuve el gusto de conocerla, pero sé por él y por su familia que ellos dos eran sumamente cercanos y que su muerte fue un golpe devastador que le tomó muchos años superar.

Una de las historias que más me cuenta sobre ella es la de un día de San Valentín (que nadie festejaba con ella) en que le dio la sorpresa de aparecerse en su trabajo para regalarle un dije muy lindo de un corazón de oro con diamantes pequeños. El esposo tendría unos 24 años y, como se acostumbra por estas tierras, le pidió a su mamá que "fuera su Valentín" ("be my Valentine"); su mamá se conmovió tanto por el gesto que lloró mucho por un largo rato. No sé por qué al esposo se le quedó tan grabada esa ocasión, supongo que tiene algo que ver con que fuera el penúltimo 14 de febrero que ella pasaría con vida, pero sea cual sea la razón, es algo que él recuerda con muchísimo cariño y nostalgia.

Ayer, mientras estábamos en casa de su hermana, de la nada el esposo preguntó si de pura casualidad ella sabía qué había pasado con ese dije. Su sospecha era que su papá se había deshecho de él, después de todo no era una pieza espectacular de joyería, pero su hermana le dijo que todas las joyas de su mamá se repartieron entre ella y su otra cuñada (porque era la única que tenía) para que a su vez se las pasaran a sus hijas. Le pidió que le describiera la pieza, y ella le dijo que le sonaba familiar y se retiró un momento ¡cuál sería la sorpresa del esposo cuando regresó con el dije de sus recuerdos! Mi cuñada tuvo la amabilidad de "regresarle" el dije y por la mirada en sus ojos pude ver que le alegró por completo el día.

Más tarde, el esposo me regaló ese dije a mí, lo cual me conmovió aún más, y lo acepté prometiéndole que pasará a manos de la Frijolita cuando él lo decida o cuando yo ya no esté, "eso no importa ahorita, es tuyo, yo te lo estoy regalando", me dijo y yo me quedé muy contenta. Sí, no es la pieza de joyería más despampanante que pueda haber, pero tiene un significado muy especial que la hace invaluable.

Todo este episodio hizo que el esposo recordara mucho a su mamá y que platicáramos un poco sobre ella en el largo camino de regreso a casa. Durante la plática me dijo una frase que me pegó mucho y se me quedó muy fija en la mente: "life is mom- centered".

El esposo dice que puedes perder a mucha gente importante en tu vida, pero que la pérdida de tu mamá es la más grande y devastadora (evidentemente, dejamos fuera el tema de la pérdida de un hijo porque esa está fuera de toda explicación). Según dice, la sensación de soledad que te deja es arrasadora, no solo sientes el vacío de la pérdida sino que te cae como una ola el saberte verdaderamente solo, sin importar si tienes pareja, hermanos o hijos. Tu mamá se va y te deja solo para siempre y esa soledad es algo con lo que tienes que aprender a vivir el resto de tu vida.

¿Pero por qué "solo"? ¿Por qué una persona adulta, que ya no "necesita" de cuidados, autosuficiente y hasta con familia propia podría sentirse tan solo si pierde a su mamá? Porque, diría el esposo, tu mamá es la persona que siempre está ahí, te lleves bien, más o menos o francamente mal con ella; tu mamá es tu base, sus errores y aciertos - intencionales o no- te marcan desde la infancia, su imagen es el espejo en el que te miras o en el que no quieres mirarte, tu vida está llena de momentos donde te dices que quieres o no quieres hacer tal o cual cosa como ella (sobre todo si eres mujer). Cuando algo muy bueno pasa, lo quieres compartir con ella; cuando algo muy malo pasa, es la primera a la que acudes en busca de consuelo, de consejo, de refugio o de explicaciones.  

La madre es la figura determinante en la existencia de una persona; si no la hubo, esa ausencia marcará sin duda, y de formas muy profundas, la vida de alguien; si la hubo pero fue una mujer terrible, veremos las consecuencias de sus errores en el tipo de adultos en que se conviertan sus hijos; si fue buena, de ello darán testimonio sus hijos también. Claro, hay excepciones, grandes excepciones, para todos los casos, pero no podemos negar que la mamá marca más que el papá mismo, y que su pérdida representa uno de los momentos más definitorios en la vida de alguien. Yo lo veo en el esposo, en cómo cambia su semblante cuando pasa algo importante y se da cuenta que no lo puede compartir con su mamá, o en cómo se le ilumina la mirada cuando recuerda ese día de San Valentín en que la hizo llorar de alegría. "Ya no me duele como antes, pero la extraño todos los días", me ha dicho, y le creo.

Todo esto me hizo pensar mucho en mi mamá, evidentemente; en lo mucho que la quiero y en lo poco capaz que soy de imaginarme una vida donde ella no esté para compartir conmigo desde que el día está muy frío hasta el nacimiento de mis hijos; un mundo donde no esté para tomarme la mano cuando tenga el corazón roto o con quién reir hasta que me duela el estómago. Pero sobre todo, me hizo pensar en mi propio papel como mamá, y en el de todas las demás que nos estamos iniciando en este camino. 

La vida está centrada en mamá, dice el esposo, y tiene razón. La pérdida llegará tarde o temprano, eso lo sabemos bien, y entonces le tocará a nuestros hijos aprender a vivir sin nosotras y a aprender a lidiar con esa soledad oscura y dolorosa que se asentará en ellos (espero de manera muy corta). Si todo esto es parte inevitable de la vida ¿por qué hacerlos pasar por ello antes de tiempo? ¿Por qué insistir en no "apapacharlos demasiado", no cargarlos en brazos cuando quieren y no dormir a su lado si lo  necesitan? ¿Por qué tanto empeño en hacerlos independientes y alejarlos de nosotras para que "se hagan mayorcitos" cuando aún son pequeños?
¿Por qué no mejor llenamos sus días de momentos bellos qué recordar, de instantes que los hagan felices -y por tanto los hagan crecer, pero crecer de verdad, como personas- que satisfagan sus necesidades y los provean de fortaleza y amor?

Creo que prefiero imaginarme un escenario en el que mis hijos digan "mi mamá me quiso mucho y me llenó de besos y abrazos siempre que lo necesité y lo quise" a uno donde digan "mi madre me enseñó a ser un buen muchachito desde pequeño y a dormir en mi cama sin molestar a nadie"; prefiero que digan "mi mamá cantaba y bailaba con nosotros" a que digan "mi madre nos enseñó a comportarnos y no hacer ruido ni importunar a los demás"; y que digan "si algo se nos rompía o se nos caía, nunca hacía drama por ello" en lugar de "qué miedo nos daba si algo se nos rompía o se nos caía porque mi madre, que quería que aprendiéramos a ser cuidadosos y a valorar lo que cuestan las cosas, nos ponía unas gritonizas de aquellas".

Prefiero hijos amorosos, que sientan que sus necesidades afectivas siempre estuvieron cubiertas, que crezcan libres y felices, sin miedo y sin resentimientos. Al final creo que es justamente eso lo que los hará adultos estables y responsables que podrán recordar que su mamá distaba mucho de ser perfecta, pero siempre fueron lo más importante para ella, espero que digan, como digo yo misma sobre mi mamá "sí, la vida está centrada en mamá, pero la vida de mamá estaba centrada en la nuestra". 

Wednesday, November 24, 2010

Expectativas y realidades

Una de las cosas que más me gustan de este blog es que a través de él he conocido a otras mamás y otros papás que me dan sus puntos de vista y me dejan saber que no estoy sola...  ni loca.

Recibí comentarios y mensajitos privados por este medio, por Twitter y por correo con respecto a mi eterno tema sobre el sueño y me doy cuenta de que no estamos solos y que no estamos haciendo nada mal.

A veces me da la impresión de que en culturas como esta, en la que vivo y a la que pertenece el esposo, se espera que los niños se comporten de una manera independiente y madura desde una edad muy, muy, temprana. No sólo deben dormir de corrido desde los tres o seis meses sino que deben de dormir solos, en su propia recámara, dándole espacio a los papás. Además, se espera que no lloren casi nunca o que se les deje en paz si lloran para que "se aburran solos", que no se "embracilen" y que se "comporten" en todo momento.

En pocas palabras, a veces me da la impresión de que esperamos parir pequeños adultitos que razonen que sus papás necesitan tiempo a solas, que entiendan que deben de dormir para que sus papás no se cansen y se levanten relajados y descansados al día siguiente, que no fastidien con que los carguen, que no sean llorones y que se porten siempre bien. Por eso, se critica a los papás que se deciden por el colecho, a los que cargan "demasiado" a sus hijos, a los que responden a sus necesidades "demasiado rápido", a los que se deciden por una crianza con apego.

Parece que se nos olvida que los bebés actúan de acuerdo a sus instintos y no de acuerdo a la forma en la que se supone deben comportarse.
Una prima me contó hace poco que una tía nuestra la regañó fuertemente cuando la escuchó hablarle a su hijito de dos años con voz juguetona, "ash, no le hables así, le hablas como niño chiquito" a lo que ella contestó confundida "es un niño, tía" (y nomás para el chisme y la anécdota, les cuento que mi tía crió a su propia hija con esa mentalidad de no chiquearla y lalalá, y ahora es una mujer de 40 que se comporta como muchachita de 20, que siempre ha tenido la vida hecha un relajo y que NO se lleva NADA bien con ella... ahí se los dejo). ¿Por qué pareciera que a muchos les molesta que los niños se comporten como niños?
En el asunto del sueño, me da la impresión de que hemos llegado al punto en que medimos nuestro éxito como padres y el desempeño de nuestros hijos de acuerdo a las horas que duermen de corrido.

La mamá tuitera  me comenta que hay estudios que manifiestan que el 70% de los niños menores de dos años NO duerme de corrido y que ha llegado a la conclusión de que entonces un enorme porcentaje de papás que jura que sus niños duermen toda la noche miente... o tuvo suerte unas semanas o un par de meses.

Hace poco, una de mis amigas que había publicado hace tiempo en Facebook que su bebé de un mes ya dormía de corrido me contó que eso duró muy poco y que ahora la bebé, que tiene seis meses, se sigue despertando en la noche, a veces más, a veces menos. Otra amiga me contó que ella durante el primer año y medio no tuvo problemas con que su hijo durmiera en su propia cuna en su propia recámara porque fue muy estricta con la forma en que tenía que dormir y que pasados los dos años tuvo una época en la que diario se pasaba a su cama por las noches, época que terminó meses después así como si nada. Si a eso le sumo los mensajitos que recibí de otras mamás que me comentaron que sus bebés tampoco duermen toda la noche de corrido, creo entonces que no somos la excepción y me parece bastante plausible que muchos padres mientan sobre cómo duermen sus hijos.

¿Pero por qué mentimos? Vuelvo a lo mismo, porque al parecer pensamos que un niño que duerme de corrido es la prueba irrefutable de que somos excelentes padres y que tenemos un hijo perfecto. 

Quizá el problema es que nuestro concepto de perfección está basado en una serie de expectativas que nos llegan de todos lados. No dejo de sorprenderme cada que leo sobre papás que esperan con ansia que su hij@ pueda caminar para meterlos a hacer deporte, o los que quieren enseñarle a leer a los dos años, o los que quieren que sean políglotas antes de entrar a la primaria, o los que esperan que sea un genio musical y los meten a clases de piano a los tres; y claro, estan ... estamos, todos los papás que apenas nace el bebé esperamos que duerma de corrido lo más pronto posible. Es absolutamente normal que deseemos lo mejor para nuestros hijos y que esperemos mucho de ellos, pero llegar al punto de exigir de ellos más de lo que pueden, o deben, hacer, me parece ingenuo, por decir lo menos.

El esposo y yo seguiremos intentando que la Frijolita duerma mejor, pero estamos entendiendo que la regulación de su sueño no es algo que podamos arreglar mágicamente, sino que es un proceso propio de ella que con el tiempo se estabilizará y  algún día todos podremos descansar mejor.

Lo que sí puedo decir con total certeza es que en definitiva somos partidarios del colecho, fue, si no la solución mágica que esperábamos, una gran ayuda para que descansáramos un poquito más. Cada vez nos convencemos más de que no queremos dejarla llorar. No confundamos el no dejarla llorar con volverla una niña berrinchuda, quizá la línea que los divide sea muy finita, pero no es lo mismo. Ya desde ahora distinguimos sus llantos falsos o innecesarios -cuando le quitamos un objeto que puede hacerle daño, por ejemplo, o cuando se molesta porque no dejamos que tire su comida al suelo para compartirla con nuestra perrita- y le explicamos el por qué no puede hacer lo que quiere en ese momento y la distraemos con algo más; pero nos rehusámos a meterla en su cuna, apagar la luz y salirnos, aunque sea por tres minutos y oirla berrear desesperadamente con el pretexto de que "debe entender" que debe de dormir sola y de corrido.

Ayer le comentaba a una muy querida amiga que no me trago el argumento de que los niños "se aburren" de llorar y se quedan dormidos. No, los niños no se aburren de llorar y se quedan dormidos, se quedan dormidos porque están exhaustos, igual que nos quedamos dormidos los adultos cuando algo sumamente triste o traumático nos pasa y lloramos en nuestra cama por muchas horas hasta que el agotamiento termina por hacernos dormir. ¿Ese es el tipo de sueño que deseamos para nuestra hija? Definitivamente NO.

Creo que los métodos donde se deja llorar a los bebés pueden funcionarle a algunas familias, sobre todo los menos agresivos (he oido comentarios muy positivos sobre el método ilustado en el libro "Duérmete niño" por parte de varias amigas, y ayer Salvajemente también me lo recomendó) pero creo que NINGÚN método es el ideal para todas las familias y nosotros ya comprobamos que dejar llorar no es para nosotros. Afortunadamente tanto el esposo como yo estamos en la misma página, así que ya que decidimos que estamos comprometidos con el colecho, lo llevaremos a cabo de la mejor manera posible (Salvajemente también mencionó algo que me pareció muy cierto, hay que estar muy convencidos y seguros de la técnica a aplicar, porque otra cosa que los bebés necesitan es constancia).

Y por cierto, creo que esto alegra mucho a mi mamá porque cuando le dije que estábamos intentando el método Ferber me dijo que no se lo iba a mencionar a mi papá porque el asunto iba a molestarlo muchísimo, y cuando lo abandonamos me dijo "qué bueno, porque nosotros NUNCA los dejamos llorar y no estaba muy de acuerdo con la idea". Así es, mis papás no me dejaban llorar y mírenme, ni apego enfermo, ni desequilibrios psiquiátricos ni nada, al contrario, llevo una relación sumamente cercana con mis papás, respetuosa y muy amorosa. Creo que mis papás, sin leer al respecto, se fueron por la crianza con apego y por el no llorar. Se guiaron por sus instintos e hicieron lo que les dictó el corazón.

A lo mejor eso es lo que nos hace falta, seguir más nuestro instinto y leer menos a los expertos y doctores.

Thursday, September 2, 2010

¿Ya les mencioné que no podemos dormir?

¡Mi reino por ocho horas de sueño corrido!

Soy el colmo, me cae. Tanto me quejé de que no hallábamos cómo hacer que la Frijolita durmiera toda la noche que hace dos semanas compré un libro que se llama The No-Cry Sleep Solution: Gentle Ways to Help Your Baby Sleep Through the Night de Elizabeth Pantley. No me pregunten si ya lo terminé, aunque es de menos de 250 páginas no lo logro terminar porque cada vez que consigo que la bebé se duerma en su cuna y me acurruco en mi cama para leer... me quedo dormida, claro, sólo por dos horas hasta que el llanto inconsolable de mi hija me levanta.

Total que ni lo leo, ni la Frijolita duerme mejor ni NADA. Lo único que hemos conseguido es que se duerma más temprano (lo que implica que se levanta una vez más por noche) y que el esposo y yo nos turnemos para atenderla una noche él y una noche yo. Anoche le tocó a él y exhausto a las 5 AM me dijo "esto es ridículo, se despertó cada hora y media, no puede ser"... bienvenido a mi mundo esposito, bienvenido a mi mundo.

Después de una semana de tormento para el esposo, ha decidido que tomemos el plan que plantea el libro muy en serio. Yo a estas alturas, con la Frijolita a punto de cumplir nueve meses, soy capaz hasta de bailar desnuda en el bosque en medio de una tormenta de nieve si alguien me jurara que así lograría hacer que mi hija durmiera, ya no diez u ocho horas seguidas... seis, cuatro... tres vamos, así que seguir el plan de un libro que no incluye la horrible técnica de dejarla llorar, me parece un buen trato... claro... si logro terminar de leerlo.

Deséenme suerte.

Friday, August 20, 2010

Sobre los hijos, Kahlil Gibran

Y una mujer que llevaba un niño contra su pecho le preguntó a un maestro: Háblanos de los hijos. Y él respondió:

Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de si misma.

Vienen por medio de vosotros, pero no de vosotros y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, mas no vuestros pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos mas no sus almas, Porque sus almas moran en la casa del mañana, que ni aun en sueños os es dado visitar.

Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no intentéis hacerlos como vosotros.

Porque la vida no marcha hacia atrás, ni se detiene en el ayer.

Vosotros sois el arco por medio del cual vuestros hijos son disparados como flechas vivas.

El arquero ve el blanco sobre el camino del infinito, y os dobla con toda su fuerza a fin de que sus flechas vayan veloces y lejos.

Que el hecho pues de estar doblados en manos del arquero sea para vuestra dicha, por que así como Él ama la flecha que dispara, ama también el arco que permanece firma; por eso vosotros tuvisteis la oportunidad de vivir vuestra vida y la libertad de amar y hacer tu vida.

Deja que tus hijos vuelen solos del nido cuando llegue la hora y no los reclames para que vuelvan, ellos te querrán por siempre y tendrán también su nido del cual algún día ellos solos quedaran, pero fue su nido y su vida, déjalos libres, ámalos con libertad, no apagues su fuego de su hogar vive y deja vivir y ellos siempre te querrán.


de Kahlil Gibran, "El Profeta"