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Monday, August 15, 2011

Misión cumplida

Durante muchísimos años, tantos que ya no me acuerdo cuántos, dije que quería ser mamá, y terminar de parir, antes de los treinta. Durante algún tiempo, debido a algunos contratiempos "innombrables" (jojo), pensé que no lo lograría, pero al final, tras algunos ajustes para bien, me salí con la mía. El Borreguito nacerá, si todo sale como está planeado, una semana antes de que yo cumpla los treinta años y con ello, cierro la fábrica y cumplo mi gran sueño de ser madre.

Algunos detalles con respecto a la celebración no serán como lo tenía pensado debido a que voy a estar recuperándome de la cesárea y dedicándome a mis dos pequeños, pero no importa, tiempo para fiestas siempre habrá, pero tiempo para establecer un vínculo fuerte como familia que acaba de recibir a un nuevo miembro, no. Me conformo con brindar en mi cama con el esposo y mis chaparritos, qué mejor celebración que tenerlos en mi vida y junto a mí.
El esposo me pidió hace unos días que yo le de un regalo a él por MIS treinta años. Quiere que en un papel bonito escriba tres objetivos para esta década, tres logros que quiero para antes de cumplir 40 en tres planos distintos: personal, familiar y profesional.

Su petición me hizo pensar mucho, tengo muchas ideas rondándome la cabeza, que si ser mejor mamá cada día, que si hacer un doctorado, que si aprender otro idioma, que si ascender por lo menos dos rangos más, que si seguir felizmente casada, que si vivir en un lugar muchísimo mejor, que si una abdominoplastía, que si regresar a Asia, que si retomar con ímpetu mis clases de piano, que si, que si, que si... todavía no decido mis tres objetivos, pero el ejercicio de reflexión me ha hecho darme cuenta de que soy muy afortunada porque en un par de meses llegaré a la treintena de años habiendo conseguido todos y cada uno de los objetivos que me fijé hace ya muchísimos ayeres, más de diez años, más de veinte quizá.

Sin duda es una gran fortuna llegar a una edad tan "importante" -por lo menos en términos simbólicos- satisfecha conmigo misma y dando gracias por todo lo que tengo y por la gente que ha estado a mi lado ayudándome a conseguirlo.

Borreguito es la culminación de una década que he disfrutado apasionadamente, diez años en los que viajé mucho, terminé la universidad, empecé a trabajar para la Mothership, ingresé al Gremio (que a pesar de quejarme tanto de él, sigo con la camiseta bien puesta), me mudé de México a Estados  Unidos, a China y a Canadá; seguí viajando, conocí a gente interesantísima e importantísima para mí, aprendí francés, alemán y un poquitín de chino, me rompieron el corazón, me lo remendé, me casé, fui mamá y (espero) terminé un Master. No perdí el tiempo ni escatimé en disfrutar intensamente, a la buena y a la mala, todo lo que la vida puso en mi camino.

Sigo pensando en los tres grandes objetivos para la década que sigue. Deben ser ambiciosos y grandes, no hay nada como tener una gran meta para motivarse a uno mismo a seguir adelante. Ya les contaré, mientras tanto, a seguir pensando, aunque eso sí, nada superará a esta década en la que lo mejor de lo mejor me pasó: me convertí en mamá de dos niños.
 

Friday, July 8, 2011

¿Qué voy a hacer con mi licencia de maternidad?

Vivo en Canadá, pero debido a mi profesión, me corresponden los noventa días de licencia de maternidad que otorga la ley mexicana, en lugar del año que otorga la canadiense. Gajes del oficio y la vida, qué le vamos a hacer.

Todavía recuerdo bien la licencia de maternidad que tomé con la Frijolita, noventa días más otros veinte que tenía de vacaciones y me dejaron tomar antes de que naciera la bebé para que me pudiera ir a México con todo hasta mi perrita con el fin de que naciera allá y estuviéramos rodeados de mi familia; noventa días que no son nada, pero ah cómo te cantan en todos los trabajos.

Haciendo cálculos, para cuando me jubile (a los 65 años) habré trabajado 43 -sí, CUARENTA Y TRES- años para el mismo empleador, lo cual equivale a 516 meses. Dejando de lado las vacaciones (porque todos, hombres y mujeres tenemos vacaciones), como mujer me habré tomado, por mis dos hijos, seis meses en total de licencia de maternidad. Seis. SEIS. Seis meses de licencia de maternidad contra 510 trabajados... ok, menos vacaciones son algo así como 430 meses... la diferencia sigue siendo abismal. Poniéndolo en esta perspectiva ¿habrá alguien que siga considerando que tres meses de licencia por hijo es "demasiado"? Supongo, quiero suponer, que no, pero hay mucha gente que considera que son "suficientes" y están en un error.

Seis meses serían más adecuados, un año sería lo óptimo, incluso "demasiado" para algunas mamás, dependiendo de sus preferencias. En lo personal, creo que nueve meses a mí no me vendrían nada mal. Pero no importa lo que yo quiera, la realidad, la triste realidad es que, si acaso, me tocan tres meses de licencia por hijo. Tres meses, que como dije, no faltará quién cuente como si hubieran sido años. 

Todavía recuerdo la rabia que me inundó cuando regresé de la licencia de la Frijolita y "alguien" me preguntó si ya había regresado de mis "vacaciones". ¿Vacaciones? Cualquier mamá podrá confirmar que los primeros meses de vida de un bebé no tienen nada de descanso y sí mucho de trabajo y adaptación.

Aunque esos tres meses con la Frijolita no fueron vacaciones, los disfruté mucho con ella y con mi esposo, sin embargo, debo admitir que además de estar al tanto de la bebé y sus necesidades, también la usé para fines menos maternales. La razón es muy simple: al vivir fuera de México, ir a mi país es siempre una grata experiencia que trato de aprovechar al máximo, intentando ir a ver a todos los amigos que puedo y queriendo hacer todo lo que no puedo hacer en el extranjero. Cada vez que iba a México, me sentía como niña con juguete nuevo y no me podía estar quieta, quería ir aquí, allá y acullá, ver a fulanita y sultanito, comer esto y lo otro... no paraba. Los tres primeros meses de la Frijolita intenté mantener, en la medida de lo posible, el mismo ritmo y a donde pude me la llevé, a donde no, la dejaba con mis papás para que la cuidaran mientras el esposo y yo nos íbamos "de vagos" (hasta de fiesta me fui, con eso les digo todo).

Si bien no creo que haya hecho "mal", creo que tampoco hice del todo bien. Nunca fui irresponsable, pero pude haber utilizado mi tiempo de mejor manera que andar persiguiendo quimeras de una vida que claramente ya no era la misma de antes aunque yo me resistiera un poco a verlo y aceptarlo. Ahora creo que el peso de la maternidad y el cambio radical que conlleva a veces es difícil de asimilar de golpe y lo vas entendiendo mejor con el paso del tiempo. Ahora, claro, lo tengo más que entendido, asimiliado, aceptado y disfrutado. 

Así que con este bebé, las cosas serán diferentes.

Por principio de cuentas, me quedo en Canadá para que nazca aquí (naaaaada de debates de nacionalidad, lectores míos, mis hijos son mexicanos por mí y canadienses por su padre sin importar dónde nazcan); además de que logísticamente es aún más loco mover a toda la familia durante tres meses con un integrante más, esta vez creo que es importante darnos el tiempo, como familia, para adaptarnos al cambio y para crear un vínculo fuerte cada uno con el bebé y entre todos. Necesitamos nuestro propio espacio para conocernos y reconocernos, apapacharnos e iniciar esta nueva etapa juntos.

Si bien extrañaré a mis papás, abuelos, hermano, tios y primos cercanos con todo mi corazón, también creo que ahora "les toca" hacer el esfuerzo por vernos, no siempre nos podemos mover nosotros de un lado a otro. En cuanto a los amigos, la triste realidad es que he comprobado en este año y medio desde que soy madre que muchos de los amigos a los que veia cuando iba a México, los veia porque YO hacía el esfuerzo por verlos, porque YO tomaba taxi, pesero o manejaba distancias enormes por ellos y porque YO procuraba y organizaba las reuniones y encuentros... pero el día que llegué con una panza enorme sin poder moverme de casa de mis papás, y después de que nació mi bebé, se acabaron los encuentros con muchos, porque estaba "muy lejos" porque "no tenían tiempo". Es muy triste cuando te pasa, pero así pasa, ni modo, c'est la vie! (obvioooooo hay muchos también que hicieron hasta lo imposible para verme cuantas veces fuera posible, los amo, smuack).

Así pues, por mi parte, he decidido aplicar, a mi manera tal vez, el concepto de las abuelitas de la cuarentena para crear y fortalecer el vínculo con mi bebé. Necesito tiempo, sin distracciones de ningún tipo, para darme a la tarea de amamantar a mi hijo, portarlo, dormir con él y atender sus necesidades a la vez que fortalezco mi vínculo con mi hija y la ayudo a conocer a su hermanito. No habrá salidas de noche ni "días libres", me daré noventa días para dedicarlos en cuerpo y corazón a mis hijos y a mi esposo.

¿Por qué? Porque el tiempo que tengo es muy limitado y debo aprovecharlo al máximo; porque estoy convencida de que la crianza con apego es lo mejor para mis hijos, para mi esposo y para mí; porque los bebés crecen muy rápido y aunque a veces cuando estamos cansadas, con ojeras, con los pechos adoloridos y sin haber podido ni bañarnos pensamos que todo se pasa lento, la realidad es que en un abrir y cerrar de ojos los bebés dejan de ser bebés.

Evidentemente sé que necesitaré ayuda de nuestra familia y amigos, pero el tipo de ayuda que necesitan las familias cuando reciben un bebé no es cuidando del bebé mismo (claro, a excepción de cuando las abuelas nos enseñan a bañar al bebé o cortarle las uñas y otros procesos "aterradores" a los que nos enfrentamos las primeras semanas), sino atendiendo otras cuestiones de la casa para que los padres puedan dedicarse por completo a su bebé.  

Yo sé que habrá quien critique mi decisión de semi recluirme, ya por ahí alguien me dijo que eso de querer colechar con el Borreguito para amamantarlo en las noches no es más que PEREZA de mi parte (sí, PEREZA ¿qué tal? Ahora resulta que ser buena madre es no dormir por preparar biberones de  fórmula y llevarlos al cuarto del bebé toda la noche), pero no importa, nadie me va a regresar esos noventa días y estoy convencida de disfrutarlos lo más posible en familia.

Así que a hibernar se ha dicho.

 

Thursday, June 30, 2011

No andaba muerta, ni de parranda, sino MUY embarazada

Qué envidia me dan las mamás que se ven cual gacelas ágiles y felices durante todo el embarazo y que juran que se sienten per-fec-to y que todo es color de rosa. Meh, me caen gordas, porque claro, ha llegado, muy adelantada por cierto, la temida etapa de Jabba The Hutt a mi embarazo. 
Acá ando viejo

Mi trabajo de tiempo completo últimamente es hallar la fuerza de voluntad para arrastrar mi humanidad de mi casa al trabajo y de regreso.  Me parece sumamente injusto que habiendo tomado todas las precauciones para no caer en las estúpidas y sensuales redes de los Doritos Nachos, otra vez me esté poniendo como un globo. Es en serio, me he cuidado bastante, tomo mucha agua, hago ejercicio de lunes a viernes, como sano ¿qué más quieres de mí, oh cuerpo en expansión? De la pura tristeza al ver que mis esfuerzos no estaban rindiendo los frutos que yo esperaba (a saber, verme como Heidi Klum embarazada, o ya de perdis NO verme como Salma Hayek embarazada) me tiré al Dorito dos semanas y ahora no quiero ver la báscula ni por error, sniffff.

Pero en fin, gajes del oficio, la verdad es que no me estoy tirando tanto al drama como parece, ya llegará octubre y con él el fin del embarazo, mis treinta años y mi suscripción a Weight Watchers; ya veremos cómo le hacemos para pasar de Jabba The Hutt a Leia en bikini dorado.

Como una no embaraza en piel ajena, desconozco si los míos son embarazos normales, pesaditos o de a tiro malos, aunque sospecho que son normalitos con momentos pesaditos y episodios de a tiro malos... y en una de esas, eso es justamente lo normal (¿alguien me entendió?).  Sin embargo, creo que no hay que dejar pasar el hecho de que todo embarazo es sin duda un milagro (palabra que no me encanta, pero no encuentro otra tan ad hoc).

Es impresionante como algo que pasa TODOS los días en todo el mundo, algo tan ordinario, es algo en realidad tan extraordinario, y es que, gente, pongámonos a pensar un momento ¡las panzonas traemos adentro una personita! Una personita que se mueve, que escucha (las tripas de su madre más que nada, pero escucha), que crece... una personita que algún día será un adulto. No es una tarea despreciable la que realizamos las veinticuatro horas durante cuarenta semanas  y tampoco es una tarea fácil, demanda mucho de nuestro cuerpo y de nuestra mente... es sin duda, lo más difícil que he hecho en mi vida a nivel físico y a la vez lo más recompensante que me ha pasado porque después de los millones de kilos de más, de las estrías, de los pies hinchados, de los dolores de parto o cicatrices de cesárea (o ambas), después del loquio (que no sé ustedes, pero yo lo aluciné) y de todo lo demás, nos quedamos con un bebé ¡un bebé! Un pedacito de nosotras, una persona cuyo destino estará ligado al nuestro para siempre sin importar lo que pase.

Así que entre dolores de espalda, pies hinchados y panza con comezón (sin contar con que además voy a trabajar diario, limpio mi casa, atiendo a la Frijolita y al esposo, atiendo crisis personales de mis amigos, contesto todos mis mails, tuiteo y actualizo mi Facebook), me doy el tiempo de disfrutar las pataditas del Borreguito y de maravillarme por lo que mi cuerpo está haciendo para crear vida. Ojalá que todas las embarazadas se den tiempo para ello, a mí no deja de sorprenderme. Deberían de levantarnos más monumentos, me cae.




 

Wednesday, May 4, 2011

Post de todo y nada y así

A veces se me ocurren cosas qué escribir, y luego se me olvidan. Otras veces quiero escribir y no se me ocurre qué... total que últimamente mi pobre blog está en el abandono, pero sirva este post de intento por no dejar de escribir, que al final es lo que me gusta. 

Estoy muy contenta por las respuestas al post pasado, en vivo y por escrito; cada vez me convenzo más de que no tengo por qué aferrarme a una idea fija de cómo "deben ser las cosas" sino disfrutarlas como vengan, así que sigo con la idea de disfrutar mi cesárea lo más posible, finalmente, muy probablemente sea la última vez que viva la experiencia de tener un hijo y más vale disfrutarla porque dentro de poco mis hijos serán grandes y no me quedarán más que los recuerdos de sus primeros días.

Al mismo tiempo, descubro que en este rollo de la maternidad hay muchas formas de pensar y no hay una que sea la absoluta y verdadera, lo importante es seguir nuestro instinto y estar en paz con nuestras decisiones. Ha sido muy interesante escuchar experiencias de amigas que han amamantado hasta un año completo y que me dicen que tal vez hubieran hecho las cosas de forma diferente "de haber sabido" y que, por lo menos en mi percepción, no se sienten superiores ni mucho menos por haber amamantado, y no ven con desprecio a las mamás que optan por la fórmula y los biberones. Me gusta escuchar estas historias porque son una prueba más de que hay muchas formas de pensar y ninguna es la "correcta".

Y en fin, vienen a mí puros pensamientos sueltos:
- Se acerca el Día de las Madres en Canadá y en México. Yo me siento "chamaqueada" porque mi aniversario de bodas es el día 8 de mayo, el Día de las Madres en Canadá el primer domingo de mayo y en México el 10 de mayo... se me juntan los tres días y, POR SUPUESTO, dudo que me celebren los tres. Por si fuera poco, el Día de las Madres es uno de los más ocupados en la industria restaurantera, así que el esposo trabaja TODO el día y yo me quedaré en mi casita a picarme los ojos y corretear a la Frijolita. Ni hablar, lo importante es que tengo mucho qué festejar, tengo un marido fantástico y una hija maravillosa.
- La Frijolita es FELIZ en la guardería y nosotros también; las maestras la quieren y la tratan muy bien y siento que estar en contacto con otras personas y otros niños le está ayudando mucho a desenvolverse más. Habrá quien me diga que es coincidencia, y que todo se debe a su edad, pero desde que entró, se ha soltado a hablar muchísimo y es más activa y sociable. Por si fuera poco, nos han hecho comentarios muy positivos sobre su personalidad y comportamiento y yo me siento pavo real.

- Ya que estoy en eso, el debate de las guarderías la verdad es que para mí no tiene mucho sentido, me parecen necesarias para los papás que trabajan y considero que deben estar disponibles, ya si los niños van o no es decisión de sus  papás, pero lamentaría muchísimo que no existieran, o que existieran solo para ciertas familias o a partir de edades más avanzadas (digamos después del año) porque tanto hay mamás que sufren por tener que regresar a trabajar como mamás que quieren regresar a trabajar pronto porque les gusta (y eso no las hace malas madres). Yo de verdad no concibo no volver a trabajar nunca, claro, me encantaría tener más meses de licencia de maternidad porque tres son una verdadera burla, pero de eso a que pase lo contrario y me "obliguen" (por falta de guarderías) a no trabajar más de seis meses o un año, NO SEÑOR. Creo que este tema alcanza para un post en sí, ya veremos.

- Los hijos proporcionan placeres y alegrías muy sencillas que hacen que todo valga la pena; la Frijolita casi diario hace algo que me derrite de ternura o me mata de risa, ya sea que ilumine el dibujo de un patito en la guardería, que cante a su manera "Firework" de Katy Perry o que me arremede sin piedad cuando llamo a su papá diciendo "honeeeeeeeeeey!!!". 

- Por fin me decidí (aaaaay qué mentira, la náusea y los malestares me obligaron, qué) a dejar de comer como si no hubiera un mañana y estoy tratando de comer mucho mejor que antes. Afortunadamente todavía no subo demasiado de peso, pero tendré que poner muchísima atención a la báscula y lo que como para evitar convertirme en Jabba The Hut otra vez (nota mental, pegar una foto de Jabba en el refrigerador y la alacena). Ahora recuerdo con mucha risa mi decepción al no haber regresado a mi peso inmediatamente después del nacimiento de la Frijolita ("¿y por qué todavía tengo panza?") ja ja jaaaaaa.

- Esta nueva panza va bien, he tenido días malos (muy malos) pero en general me siento bastante bien. Quizá en las próximas semanas nos enteremos si viene un Borreguito o una Borreguita y ya les estaré contando. Sigo tomándome fotos una vez por semana, pero esta vez haré una edición diferente y por eso no se las he enseñado a nadie, pero ya pronto. 

- Hablando de lo cual, sufro como Precious porque hemos tomado la decisión de no ir de vacaciones a ver a la familia del Maple Pie este verano. Mi mamá tenía razón (ash), es mejor estarme quietecita este año más que nada por mi propia comodidad (eso de viajar por todos lados con la Frijolita y el Borreguito en la panza no está NADA fácil). Lo que sí, me hacen falta vacaciones en la oficina; últimamente me enojo mucho y necesito un descanso de muchas muchas cosas.

Y en fin, como advertí, este post fue de todo y nada, ojalá el trabajo (en la oficina y en la casa), el embarazo y demás ocupaciones y distractores me permitan escribir algo mejor en los próximos días.

Wednesday, April 6, 2011

¿Por qué sufrirla? ¡Hay que (tratar) de disfrutarla!: La (ne)cesárea, parte I

Como ya todos saben, mi sueño dorado siempre fue tener un parto natural, de preferencia acuático, tan chairo como fuera posible, casi que con incienso, chamán y guajolote corriendo por el cuarto incluídos, sin anestesia ni nada parecido, así, "a lo macho". Tener que pasar por una cesárea fue muy decepcionante y muy doloroso, sufrí mucho, pa qué más que la verdá.

Luego, me encontré con muchos blogs y muchas páginas en favor del parto natural y en contra, corrijo, apasionadamente en contra, de las cesáreas; vi muchos videos en Youtube donde presentaban los partos naturales como poco menos que un extasiante paseo por el parque (unas dicen que hasta son orgásmicos, perdón pero no mamarrrrrr) y a las cesáreas como un festival de sangre y tripas. Los médicos, claramente, son el enemigo según esta visión, malditos intrusos en un proceso que debe ser nuestro, nuestro, nuestro; mercenarios de la salud que tasajean a cualquiera bajo el menor pretexto para sacarnos más dinero; diabólicos desalmados a los que nada les importan ni las mujeres ni los bebés.


 "¿Qué cree? ¡Va a ser cesáreaaaa! ¡MUAJAJAJAJAAAAA!"


Toda esta información me deprimió más y más, sentía que había fallado como madre desde el primer momento, que había hecho trampa y que no pertenecía al club selecto de aquellas que "sí habían vivido la mejor experiencia de la vida de una mujer". Por el solo hecho de haber parido por cesárea ya me encontraba en una categoría diferente, en la de las flojas y la de las tontas (porque resulta que una no se informa, ni se defiende contra los malvados doctores que solo buscan acuchillarnos a como de lugar).

Tanto me confundió leer toda esa vorágine de información contra las cesáreas, que en mi cabecita loca me convencí de que la mía propia había sido un complot de mi médico con mis padres y mi marido; de alguna forma estaba segura de que con tal de evitarnos el más mínimo contratiempo a la bebé y a mí, habían preferido que me rajaran la panza, y que les aterraba la idea de un parto largo y doloroso por lo que pensaban que me estaban ayudando al optar por una cirugía. No, pos no.

Mi cesárea fue muy necesaria, ya lo entendí, y ya hice las paces con ella. Me animaba mucho la idea de que probablemente el siguiente parto podría ser natural, pero por muchas causas  no podrá ser así y terminaré otra vez con una cicatriz en la pancita (chale, y yo que cicatrizo tan feo).

No explicaré las causas porque me da un poco de flojera -a lo mejor otro día con más calma- y porque no quiero provocar comentarios donde resulte que todos mis lectores son doctores y saben más que mi médico de aquí, mi médico de allá y mis papás médicos juntos; tampoco me dan ganas de que me recomienden al Doctor Chuchito de Tal porque no lo voy a ir a ver porque vivo hasta casa del carambas y francamente no quiero que me hagan enojar diciéndome que si no investigué bien o que si no estoy haciendo el esfuerzo suficiente. Créanme, llevo meses metida en esto, desde antes de estar embarazada y ya llegué a la conclusión de que no solo es la mejor opción sino que es mi única opción.

Está bien, nomás por no dejar tomen en cuenta esto: para intentar un VBAC (Vaginal Birth After Cesarean) el hospital en donde se lleve a cabo el parto debe tener una capacidad de respuesta tal que te puedan meter al quirófano en menos de treinta minutos después de iniciada una ruptura uterina porque si no... se muere el bebé y te puedes morir tú, así de fácil. Ahora bien, el hospital de Tomatito no tiene esa capacidad, y por tanto, ningún médico de acá se avienta ese paquetote.

Si bien las probabilidades de una ruptura uterina son de algo así como 1.5%... lo cual se traduce en uno de cada quinientos... ¡es muchísimo! O por lo menos me parece muchísimo cuando lo que está en riesgo es la vida de tu bebé... para mí no hay riesgo que valga, y mucho menos vale la pena ponernos en riesgo a los dos solo para que yo pueda unirme al "Club de las Mujeres Superpoderosas que sí Paren a sus Hijos sin Anestesia y en la Bañera de su Casa Goeeei".

Así que ahí está, cesárea tendrá que ser, y lo sé desde hace ya varias semanas. Me puse triste, sí, y lloré bastantito; maldije mi suerte levantando el puño hacia el cielo y me enojé con todo mundo porque ¿por queeeeee yo que todo lo puedo no puedo con esto? Pero ya, ya hice las paces con la situación y entonces quise ponerme a investigar más al respecto para llegar menos apanicada al quirófano y disfrutar más la experiencia.

Sí, dije "disfrutar". "¿Pero cómo puedes disfrutar un proceso invasivo donde te abren las tripas y te extraen al bebé?" podrán pensar; pues así como otras disfrutan que una personita del tamaño de una sandía les salga por un hoyitito, así, igualito, con calma y valorando el hecho más importante que es que estás trayendo una vida al mundo.
Antes de que se me avienten a la yugular, sí, sé muy bien que actualmente se practica un alto número de cesáreas innecesarias, y que sí hay muchos médicos y mujeres que las programan por comodidad sin tomar en cuenta los riesgos (finalmente es una cirugía mayor). Conozco bien las desventajas porque ya las viví en carne propia, se trata de un parto algo despersonalizado porque no ves nada, te tienen inmovilizada (para tomar tus signos vitales, para suministrarte la anestesia y también para que evitar que por reflejo metas las manotas en medio de tus intestinos expuestos, fuchi) y te separan por más tiempo del bebé para volver a acomodarte las entrañas y coserte. La recuperación es tardada y dolorosa, la primera semana no te puedes levantar sin ayuda y recuerdo haberle pedido a mi marido un par de veces que me diera un tiro para terminar con mi miseria porque el estúpido Dolac no me quitaba el dolor. El amamantamiento puede verse obstaculizado y ya no te puedes poner bikini (aunque en mi caso eso tiene más que ver con los noventa kilos de más con los que me quedé y las bonitas estrías que porto en mi vientre, wiiiiiiiii).

¿Ventajas? La que más he encontrado me parece un poco vacua, aunque enfrentémoslo, es importante: quedas "intacta", lo cual, según me dicen, los maridos valoran bastante aunque no lo digan (el mío no es tan guarro como para hacer un comentario así, pero bueno, hay de todo y además a lo mejor no lo dice pero lo piensa ¿eda?). Pero yo les traigo una mucho mejor que por alguna extraña razón no me he encontrado en ninguna página o blog, aquí va:

Nos da la oportunidad de ser madres a muchas mujeres que de otra forma hubiéramos perdido la vida o hubiéramos perdido a nuestro bebé.

¿Ah verdad? ¡Superen eso novatos! Aceptemos esa realidad una por una, en mi caso es así de simple, si no hubiéramos programado una cesárea para la Frijolita, muy probablemente hubiéramos sufrido enormes complicaciones que pudieron habernos puesto en gran riesgo a las dos. La cesárea me permitió darle la bienvenida a una bebé sana y volver a ser mamá. ¿Hay de verdad alguien que pueda atacar eso? Espero que no.
Me entristece, sin embargo, no encontrar hasta el momento ningún recurso en Internet en donde las mujeres defiendan su cesárea, necesaria o programada por decisión propia. La mayoría de las historias son tristes y dolorosas, lo cual se entiende porque muchas de las cirugías fueron efectuadas tras arduas horas de labor de parto que culminaron en una cesárea de emergencia, a las que la mayoría de las mujeres llegaron cansadas y asustadas.

¿Pero dónde están las mujeres que por alguna razón u otra -la que sea- decidieron que querían parir por cesárea? Supongo que escondiéndose de las del Club de Mujeres Superpoderosas que atacan sin piedad a las que no piensan como ellas.

Y que conste que yo no odio a las señoras del Club, al contrario, la verdad es que las admiro y sí, también las envidio un poquito (bueno, un muchito), pero hay unas a las que de plano se les sube la idea de que son superiores por haber parido naturalmente y ven por encima del hombro a las cesarientas, mientras otras dedican su tiempo libre a atacar a la medicina moderna sin pensar un poquito en que gracias a ella muchos estamos ahí.

Bueno, yo pondré mi granito de arena. Mi segunda cesárea será también necesaria, pero esta vez la voy a aceptar y a disfrutar, sí, a disfrutar, porque es un milagro (no encuentro una palabra mejor) engendrar vida y es una enorme suerte, vamos, una bendición (de nuevo, no encuentro una palabra mejor) tener la oportunidad maravillosa de ser madre, no importa el método por el cual lo seamos, por adopción, por fertilización artificial, por parto natural o por cesárea, todas somos madres y debemos celebrarlo.

Así que me propongo irles contando mis progresos investigativos sobre el tema de la cesárea y mi propio proceso de preparación para darle la bienvenida a mi Borreguito. Me propongo que ese día no estaré asustada y tendré todos mis sentidos lo más alerta posible para vivir de nueva vez el proceso de traer vida a este mundo.

Ahí les cuento...

¿Y ustedes qué opinan? ¿Alguna tiene alguna historia positiva de cesárea? ¡Cuéntenme! 

Friday, March 25, 2011

One down, two to go!

Mañana termina oficialmente mi primer trimestre de embarazo, ay qué felicidad. Yo no sé las demás, pero para mí el primer trimestre es el peor... bueno, también el último se pone punk... bueno, en realidad creo que solo me gusta el segundo trimestre, pero el primero es en particular mi menos favorito de todos.

No es que no sea feliz como una lombriz, al contrario, me encanta la emoción que se siente cuando la rayita de la prueba te hace darte cuenta de que tienes un frijolito en la panza, pero no soy fanática de las semanas donde parezco una repetición sin final de aquella famosa escena del Exorcista donde llena todo de sopa de chícharos (¿que no? Eso es sopa de chícharos, jojo).

"¡Te dije que no quiero pollooooo!"

Tampoco soy muy fan de levantarme tres veces en la madrugada al baño (de por sí ni duermo bien por la Frijolita), de tenerle asco al pollo, y mucho menos, de andar por la vida como zombie, desubicada, adormilada y más cansada que si hubiera corrido un maratón (que no sé si sea cansado porque nunca he corrido uno, pero yo digo que sí).

No, definitivamente no hay nada como el segundo trimestre. Por fin dejas de verte como si le estuvieras entrando con demasiada fe a los tamales y comienzas a verte embarazada; puedes guardar tus pantalones normales y ponerte los de maternidad sin sentirte ridícula (¿a quién engaño? Yo me puse los de maternidad apenas salió la rayita en la prueba, pero bueno, por lo menos ahora no me siento "tan"ridícula). Por fin se te ve la tan ansiada pancita, pero todavía no pareces "Jabba The Hut" y aún te puedes mover y andar por la vida feliz sin ningún sentimiento de "denme un balazo ¡YA!".

"I'm not fat, I'm pregnant!!"

Ya en serio, quizá lo que más me gusta de que termine el primer trimestre es esa sensación de "alivio" que llega con las doce semanas, el sentimiento de "ya la libré". Tanto nos dicen que el primer trimestre es el más delicado, en el que hay más peligro de perder al bebé, que, al menos para mí, cualquier retortijón, cualquier coliquito, se convierte en señal de alarma. Tan solo anoche la pasé en vela, preocupada por un dolor de estómago que no se me quitaba, que no lograba siquiera hacer la lógica conexión de que el dolor no tenía nada que ver con el bebé y sí mucho con la espantosa cena de Mr. Noodles y papas con brócoli y queso amarillo de microondas que fodongamente me empaqué con tal de no cocinar.

Ahora viene la parte más divertida, ver crecer la panza, conocer el sexo del bebé, empezar a sentir las pataditas, dejar que todos te apapachen y te consientan y tener más pretexto para no levantar ni una pluma del piso.

Entre mis planes están empezar mi serie de fotografías semanales (que espero en este embarazo queden mucho mejores que en el pasado), dejar de comer Mr. Noodles y Cheettos, seguir haciendo ejercicio y repetir una y cien veces "but honeeeeeeey, I'm pregnant!!" cada que me resulte conveniente.

¡Uffffff no puedo esperar!