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Wednesday, April 6, 2011

¿Por qué sufrirla? ¡Hay que (tratar) de disfrutarla!: La (ne)cesárea, parte I

Como ya todos saben, mi sueño dorado siempre fue tener un parto natural, de preferencia acuático, tan chairo como fuera posible, casi que con incienso, chamán y guajolote corriendo por el cuarto incluídos, sin anestesia ni nada parecido, así, "a lo macho". Tener que pasar por una cesárea fue muy decepcionante y muy doloroso, sufrí mucho, pa qué más que la verdá.

Luego, me encontré con muchos blogs y muchas páginas en favor del parto natural y en contra, corrijo, apasionadamente en contra, de las cesáreas; vi muchos videos en Youtube donde presentaban los partos naturales como poco menos que un extasiante paseo por el parque (unas dicen que hasta son orgásmicos, perdón pero no mamarrrrrr) y a las cesáreas como un festival de sangre y tripas. Los médicos, claramente, son el enemigo según esta visión, malditos intrusos en un proceso que debe ser nuestro, nuestro, nuestro; mercenarios de la salud que tasajean a cualquiera bajo el menor pretexto para sacarnos más dinero; diabólicos desalmados a los que nada les importan ni las mujeres ni los bebés.


 "¿Qué cree? ¡Va a ser cesáreaaaa! ¡MUAJAJAJAJAAAAA!"


Toda esta información me deprimió más y más, sentía que había fallado como madre desde el primer momento, que había hecho trampa y que no pertenecía al club selecto de aquellas que "sí habían vivido la mejor experiencia de la vida de una mujer". Por el solo hecho de haber parido por cesárea ya me encontraba en una categoría diferente, en la de las flojas y la de las tontas (porque resulta que una no se informa, ni se defiende contra los malvados doctores que solo buscan acuchillarnos a como de lugar).

Tanto me confundió leer toda esa vorágine de información contra las cesáreas, que en mi cabecita loca me convencí de que la mía propia había sido un complot de mi médico con mis padres y mi marido; de alguna forma estaba segura de que con tal de evitarnos el más mínimo contratiempo a la bebé y a mí, habían preferido que me rajaran la panza, y que les aterraba la idea de un parto largo y doloroso por lo que pensaban que me estaban ayudando al optar por una cirugía. No, pos no.

Mi cesárea fue muy necesaria, ya lo entendí, y ya hice las paces con ella. Me animaba mucho la idea de que probablemente el siguiente parto podría ser natural, pero por muchas causas  no podrá ser así y terminaré otra vez con una cicatriz en la pancita (chale, y yo que cicatrizo tan feo).

No explicaré las causas porque me da un poco de flojera -a lo mejor otro día con más calma- y porque no quiero provocar comentarios donde resulte que todos mis lectores son doctores y saben más que mi médico de aquí, mi médico de allá y mis papás médicos juntos; tampoco me dan ganas de que me recomienden al Doctor Chuchito de Tal porque no lo voy a ir a ver porque vivo hasta casa del carambas y francamente no quiero que me hagan enojar diciéndome que si no investigué bien o que si no estoy haciendo el esfuerzo suficiente. Créanme, llevo meses metida en esto, desde antes de estar embarazada y ya llegué a la conclusión de que no solo es la mejor opción sino que es mi única opción.

Está bien, nomás por no dejar tomen en cuenta esto: para intentar un VBAC (Vaginal Birth After Cesarean) el hospital en donde se lleve a cabo el parto debe tener una capacidad de respuesta tal que te puedan meter al quirófano en menos de treinta minutos después de iniciada una ruptura uterina porque si no... se muere el bebé y te puedes morir tú, así de fácil. Ahora bien, el hospital de Tomatito no tiene esa capacidad, y por tanto, ningún médico de acá se avienta ese paquetote.

Si bien las probabilidades de una ruptura uterina son de algo así como 1.5%... lo cual se traduce en uno de cada quinientos... ¡es muchísimo! O por lo menos me parece muchísimo cuando lo que está en riesgo es la vida de tu bebé... para mí no hay riesgo que valga, y mucho menos vale la pena ponernos en riesgo a los dos solo para que yo pueda unirme al "Club de las Mujeres Superpoderosas que sí Paren a sus Hijos sin Anestesia y en la Bañera de su Casa Goeeei".

Así que ahí está, cesárea tendrá que ser, y lo sé desde hace ya varias semanas. Me puse triste, sí, y lloré bastantito; maldije mi suerte levantando el puño hacia el cielo y me enojé con todo mundo porque ¿por queeeeee yo que todo lo puedo no puedo con esto? Pero ya, ya hice las paces con la situación y entonces quise ponerme a investigar más al respecto para llegar menos apanicada al quirófano y disfrutar más la experiencia.

Sí, dije "disfrutar". "¿Pero cómo puedes disfrutar un proceso invasivo donde te abren las tripas y te extraen al bebé?" podrán pensar; pues así como otras disfrutan que una personita del tamaño de una sandía les salga por un hoyitito, así, igualito, con calma y valorando el hecho más importante que es que estás trayendo una vida al mundo.
Antes de que se me avienten a la yugular, sí, sé muy bien que actualmente se practica un alto número de cesáreas innecesarias, y que sí hay muchos médicos y mujeres que las programan por comodidad sin tomar en cuenta los riesgos (finalmente es una cirugía mayor). Conozco bien las desventajas porque ya las viví en carne propia, se trata de un parto algo despersonalizado porque no ves nada, te tienen inmovilizada (para tomar tus signos vitales, para suministrarte la anestesia y también para que evitar que por reflejo metas las manotas en medio de tus intestinos expuestos, fuchi) y te separan por más tiempo del bebé para volver a acomodarte las entrañas y coserte. La recuperación es tardada y dolorosa, la primera semana no te puedes levantar sin ayuda y recuerdo haberle pedido a mi marido un par de veces que me diera un tiro para terminar con mi miseria porque el estúpido Dolac no me quitaba el dolor. El amamantamiento puede verse obstaculizado y ya no te puedes poner bikini (aunque en mi caso eso tiene más que ver con los noventa kilos de más con los que me quedé y las bonitas estrías que porto en mi vientre, wiiiiiiiii).

¿Ventajas? La que más he encontrado me parece un poco vacua, aunque enfrentémoslo, es importante: quedas "intacta", lo cual, según me dicen, los maridos valoran bastante aunque no lo digan (el mío no es tan guarro como para hacer un comentario así, pero bueno, hay de todo y además a lo mejor no lo dice pero lo piensa ¿eda?). Pero yo les traigo una mucho mejor que por alguna extraña razón no me he encontrado en ninguna página o blog, aquí va:

Nos da la oportunidad de ser madres a muchas mujeres que de otra forma hubiéramos perdido la vida o hubiéramos perdido a nuestro bebé.

¿Ah verdad? ¡Superen eso novatos! Aceptemos esa realidad una por una, en mi caso es así de simple, si no hubiéramos programado una cesárea para la Frijolita, muy probablemente hubiéramos sufrido enormes complicaciones que pudieron habernos puesto en gran riesgo a las dos. La cesárea me permitió darle la bienvenida a una bebé sana y volver a ser mamá. ¿Hay de verdad alguien que pueda atacar eso? Espero que no.
Me entristece, sin embargo, no encontrar hasta el momento ningún recurso en Internet en donde las mujeres defiendan su cesárea, necesaria o programada por decisión propia. La mayoría de las historias son tristes y dolorosas, lo cual se entiende porque muchas de las cirugías fueron efectuadas tras arduas horas de labor de parto que culminaron en una cesárea de emergencia, a las que la mayoría de las mujeres llegaron cansadas y asustadas.

¿Pero dónde están las mujeres que por alguna razón u otra -la que sea- decidieron que querían parir por cesárea? Supongo que escondiéndose de las del Club de Mujeres Superpoderosas que atacan sin piedad a las que no piensan como ellas.

Y que conste que yo no odio a las señoras del Club, al contrario, la verdad es que las admiro y sí, también las envidio un poquito (bueno, un muchito), pero hay unas a las que de plano se les sube la idea de que son superiores por haber parido naturalmente y ven por encima del hombro a las cesarientas, mientras otras dedican su tiempo libre a atacar a la medicina moderna sin pensar un poquito en que gracias a ella muchos estamos ahí.

Bueno, yo pondré mi granito de arena. Mi segunda cesárea será también necesaria, pero esta vez la voy a aceptar y a disfrutar, sí, a disfrutar, porque es un milagro (no encuentro una palabra mejor) engendrar vida y es una enorme suerte, vamos, una bendición (de nuevo, no encuentro una palabra mejor) tener la oportunidad maravillosa de ser madre, no importa el método por el cual lo seamos, por adopción, por fertilización artificial, por parto natural o por cesárea, todas somos madres y debemos celebrarlo.

Así que me propongo irles contando mis progresos investigativos sobre el tema de la cesárea y mi propio proceso de preparación para darle la bienvenida a mi Borreguito. Me propongo que ese día no estaré asustada y tendré todos mis sentidos lo más alerta posible para vivir de nueva vez el proceso de traer vida a este mundo.

Ahí les cuento...

¿Y ustedes qué opinan? ¿Alguna tiene alguna historia positiva de cesárea? ¡Cuéntenme! 

Thursday, January 27, 2011

10 cosas que he aprendido de mi hija

10 cosas que he aprendido de mi hijo


"10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad."

Leer más: http://www.amormaternal.com/2000/01/10-cosas-que-me-ha-ensenado-mi-hijo.html#ixzz1CFXwzqde
Under Creative Commons License: Attribution Non-Commercial No Derivatives


1. Que no todo puede ser tal y como lo planeo o lo quiero (lo cual ha sido muy difícil para una control freak como yo).

2. Que mi casa nunca volverá a estar inmaculadamente limpia y ordenada... y que no importa.

3. Que no importa lo cansada o lo harta que esté, un besito de ella lo cura TODO.

4. A redescubrir el mundo con ella, a maravillarme con cosas tan simples como el caer de la nieve o el color de una flor.

5. A poner a un lado mis deseos y preferencias personales en favor de lo que sea mejor para ella y nuestra familia.

6. A querer ser una mejor mujer, una mejor profesionista, una mejor amiga y una mejor persona, para darle un buen ejemplo.

7. A atesorar cada milestone con todo mi corazón. Todos los niños del mundo hacen las mismas cosas, pero para mí, cada pasito, cada balbuceo, cada primera vez, es única, irrepetible, sorprendente y maravillosa.

8. A reirme a carcajadas por cositas muy simples y a disfrutar  los placeres más sencillos.

9. A aprender a vivir con la culpa que inevitablemente nos persigue a todos los papás y a aprender a perdonarme.

10. A amar con todas mis fuerzas, sin reserva y sin límites.





Friday, October 29, 2010

Lo que quería y lo que fue

Antes de embarazarme tenía muchas ideas sobre qué tipo de mamá quería ser, cómo quería vivir mi embarazo, qué tipo de parto quería tener y cómo quería criar a mis hijos. Creía poseer la suficiente información para tener una claridad absoluta sobre cómo hacer las cosas y pensaba que estaba preparada para hacer que todo fuera como yo lo había deseado.

Pero si algo nos enseñan los embarazos y los hijos es que puedes tomar tus ideas, deseos y propósitos y tirarlos por la ventana porque muy pronto descubres que la maternidad no es como la imaginabas ni como la planeabas sino es... como es. Aprendes que a veces no hay tiempo ni posibilidades para que todo salga como esperas y aprendes que la personita que traes al mundo tiene una personalidad propia y por tanto necesidades y gustos que pueden diferir de lo que tenías en mente antes de conocerla. Y claro, también aprendes que tu propia voluntad no es tan de acero como pensabas y que tu cuerpo no responde necesariamente de la forma en que quieres que lo haga.

Por pura diversión, aquí les va la primera parte de mi comparativo de lo que yo pensaba que sería contra lo que terminó siendo y lo que aprendí en el proceso:

Advertencia: Como siempre, mis posts son ante todo descriptivos de mi loca vida. No soy experta en NADA -vamos, ni en ser yo- pero así me tocó vivir y algo he de haber aprendido en el camino. Espero que se rían y hasta que me compadezcan, pero no tomen a mal mis vivencias o mi forma de pensar.

Del peso

Lo que pensaba: Me voy a cuidar muchísimo, no voy a subir de peso más que lo  necesario, haré yoga y ejercicio todo el tiempo y recuperaré mi figura de inmediato.

Lo que fue: ¡JA JA JA y más JA! ¿Por dónde empezar? Pasé los primeros tres meses vomitando todo lo que comía, quedándome dormida en TODOS lados y sintiéndome lo más cansada que me he sentido en toda la vida, así que para el cuarto mes me dije "merezco un descanso, he pasado todos mis veinte haciendo ejercicio y cuidando absolutamente todo lo que como, así que me daré todos los gustos que me he negado estos años durante unas cuantas semanas"... que se volvieron siete meses. Creo que me desquité de todas las dietas y horas en el gimnasio a las que tuve sometido a mi pobre cuerpo y me fui al otro extremo del espectro. Oh sí, me quité mis pantalones talla 2 (ok, 4, ash), mis tacones altísimos, me puse un batolongo y unas chanclas y me puse a tragar Cheetos y pizza enfrente de la tele (eso sí, nada de Coca jaja). Corte a: "oooops Galle, subiste 35 kilos" Sí ¡TREINTA Y CINCO! Oink.

Lo que aprendí: No tengo pretexto, me tiré vilmente a la gula a sabiendas de que no era lo mejor ni para mí ni para mi bebé. No puedo decir que "no sabía" porque había leído mucho de nutrición, pero simple y sencillamente tomé el camino más fácil porque tenía hambre y sueño y no quería hacer nada. La enseñanza más grande que me quedó de esta experiencia es que es facilísimo subir 35 kilos, pero no es NADA fácil bajarlos, me ha tomado casi un año bajar 28 de los 35 kilos que subí y no he recuperado ni en un 40% la condición física que tenía. Si bien agradezco que al esposo no le importe cómo me vea, la realidad es que a mí sí me importa  y tengo que cuidarme más para que YO esté más contenta conmigo misma. "Para la próxima" definitivamente no me tiraré al carbohidrato y la manteca, me cuidaré muchísimo más y trataré de mantenerme activa.

De mi apariencia

Lo que pensaba: Si me embarro todas las cremas "carísimas de París" que me pueda encontrar, no me saldrá ni una estría. Me arreglaré todos los días para verme bonita y me tomaré un estudio fotográfico súper artístico por ahí del octavo mes.

Lo que fue: No ahondaré en el tema de las estrías, sólo les diré que sería varios cientos de dólares menos pobre y me vería igual si le hubiera hecho caso al cínico, pero sincero, médico que me atendía en Tomatito, las estrías son parte del embarazo y dependen mucho de la carga genética de cada mujer. Por lo demás, arreglarse diario para verse como princesa resulta complicado, que no imposible, si lo único que quieres hacer es dormir,vomitar o ir al baño, pero ¿fotos con 35 kilos de más, ojerosa y con la cara hinchadísima? AJA.

Lo que aprendí: Sobre las estrías, sólo tengo tres palabras: genética mata cremita. Si no se han embarazado les garantizo que les dirán de todo, que se compren la crema que cuesta 200 dólares por 10 ml, que se compren el aceite de almendras que cuesta 5 dólares por 10 litros, que coman mucho salmón, que se atasquen de linaza, que le recen a San Chuchito de las Cicatrices etc., etc., etc.; pero yo sólo les recomendaré que vayan a ver a su mamá,  le levanten la blusa (con su permiso, claro) y le vean la panza... ¿no se ha hecho abdominoplastía y su pancita está lisa y perfecta? FELICIDADES, se sacaron la lotería genética (y las envidio). ¿No se ha hecho abdominiplastía y su pancita parece mapa de la hidrografía de México? Abran una cuenta de banco para ir ahorrando para su cirugía o acepten felizmente la piel que su mamita les heredó.  El embarazo no es necesariamente la etapa ideal, maravillosa y de ensueño que muchas veces pensamos, es un proceso difícil para el cuerpo que está ni más ni menos que ¡creando vida! Algunas mujeres son afortunadas, además de que seguramente no se dedican a comer pizza frente a la tele, y logran verse preciosas durante todo el embarazo. Yo definitivamente no fui una de ellas y aunque sí me tomé fotos de perfil cada semana para ir viendo el crecimiento de mi panza, no pude tomarme el estudio que siempre quise porque lo que menos necesito es una foto tamaño poster en mi sala que me recuerde más al hipopótamo de Fantasía que a mí misma.


Del parto

Lo que pensaba: Parto natural, absoluta y completamente NA-TU-RAL. No sólo no quiero epidural, no quiero NADA, pura respiración y concentración, puros masajitos y aromaterapia. De ser posible, quiero un parto acuático en la comodidad de mi hogar.

Lo que fue: Apenas terminé de decir "parto acuático" el esposo dijo "¿qué, somos hippies? ¿acaso estamos en los sesenta? ¿estás loca? ¡sobre mi cadáver!". Ante mi insistencia, dijo "pregúntale a tus papás, que ellos tengan la última palabra"; apenas le terminé de decir a mi papá, alias el Doctor de los Bigotes, "parto acuá..." él dijo "¡¡¡NO!!!" y lo dejé por la paz. Insistí en un parto natural sin nada de medicinas, pero no contaba con la astucia de mi placenta que maduró antes de lo necesario, ni con el líquido amniótico que no era suficiente, y mucho menos con la maldita urticaria que me atacó violentamente. La urticaria del embarazo (Pruritic Urticarial Papules and Plaques of Pregnancy... PUPPP para los cuates) la sufre el 1% de las mujeres embarazadas ¡wiiiiiiii, qué suertuda, soy especiaaaaaaaaal! (inserte sarcasmo) y es lo más molesto y desesperante que me ha pasado; nunca había sentido una comezón tan intensa, las ronchas estaban en todos lados, mis brazos, mis piernas, las palmas de las manos, las plantas de los pies, en la panza ¡adentro del ombligo! Como no me podían dar nada más que cremitas y baños inútiles, me metía a bañar para rascarme a escondidas con un zacate hasta sangrar, lo cual sólo provocaba más comezón. Nomás para que me acompañen en mi dolor les mostraré que me veía más o menos así y además, les mostraré una foto de mi brazo cuando las ronchas APENAS comenzaban:

Desmáyense mil

Mi doctora ya había sugerido una cesárea para finales de diciembre, pero entre placentas maduras, falta de líquido amniótico, ronchas por doquier, náuseas todo el día, una infección urinaria y 35 kilos de más, una semana antes de la fecha programada irrumpí en su consultorio para suplicar piedad "¡sáquenla yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!" y al otro día fue la cesárea.

¿Parto natural en agua? Aja.
Lo que aprendí: Creo que una debe tener el parto que desea, siempre y cuando el papá del bebé, si pinta en el asunto, esté de acuerdo. Si deseamos un papá involucrado hay que dejarlo opinar y participar en las decisiones importantes; sí, el cuerpo embarazado es "de una", pero el cuerpecito adentro es de los dos. El tema de las cesáreas innecesarias es polémico y escabroso, en mi caso, confío plenamente en lo decidido por mi doctora porque además de todo, quien hacía los ultrasonidos que sustentaban su diagnóstico era mi papá, y sé que él apoyaba mi idea de un parto natural y que no dejaría que me sometieran a una cirugía mayor nada más porque sí. Ya tomada la decisión sobre qué parto se desea, hay que informarse y prepararse bien... pero también prepararse mentalmente para la posibilidad de que al final las cosas no salgan como una las desea y no atormentarse demasiado con lo que no fue (algo que, he de confesar, aún a la fecha me cuesta un poco de trabajo). No soy muy fan de la cesárea, no me gustó el proceso en sí, estás medio noqueada, no ves nada, no puedes mover los brazos, y te pierdes de la posibilidad de conocer de inmediato a tu bebé, peeeeeeeero así tuvo que ser, y creo que no hay que perder de vista que es más importante el bienestar del bebé y el tuyo mismo que la realización de cualquier fantasía o deseo. Al final, lo que importa es que el bebé llegue con bien, la maternidad es para siempre, y vendrán muchos momentos hermosos y atesorables.



De la leche (uuuuuuuh, tema escabroso)

Lo que pensaba: Mis bebés serán amamantados EXCLUSIVAMENTE, nada de biberones, nada de fórmula.

Lo que fue: Sí claro, mis amigas me habían dicho que dolía mucho y que podía ser muy difícil, pero yo pensaba "bah, me hará los mandados", claro, hasta que la Frijolita trató de prenderse por primera vez y no nos acomodamos, hasta que descubrí que esa boquita tan chiquita tenía una fuerza increíble, hasta que comenzaron las grietas, la sangre, el dolor, la frustración, las prolactivistas extremas, hasta que se acabó la licencia de maternidad y el tiraleche me lastimó aún más... hasta que terminé por abandonar la lactancia a los TRES meses".

Lo que aprendí: La lactancia es lo mejor para el bebé y su mamá, y es la manera natural de alimentarlo, pero no le "sale" por instinto ni a uno ni al otro, hay que aprender a amamantar y hay que tener paciencia y bastante tolerancia al dolor, por lo menos al principio. No me arrepiento de haber abandonado la lactancia porque sé que en su momento era lo mejor para la Frijolita y para mí (comenzaba a sentir mucho resentimiento cada vez que ella quería comer) y sé que, aunque las extremistas digan lo contrario, no estoy envenenando a mi hija con la fórmula. Le daré una segunda oportunidad a la lactancia, y esta vez espero contar con mucho más apoyo virtual y en vivo para lograr mi objetivo. El tema en definitiva da para uno, dos, diez, cien posts y tengo mis muy personales puntos de vista acerca de la lactancia, las prolactivistas y los fabricantes de fórmula, pero este no es el momento para escribir de ello. Baste decir que algo que pensé que sería muy sencillo terminó por convertirse en el reto más grande que he vivido no sólo como mamá sino como mujer y que aunque con la Frijolita las cosas no salieron bien y decidimos optar por el biberón y la fórmula, espero que todo sea distinto con otro bebé.



TO BE CONTINUED...


Friday, October 15, 2010

La Frijolita VS El Surround System

Hace como tres meses, el esposo quiso satisfacer uno de sus caprichos y se compró un sistema de sonido surround. A mí esas cosas no podrían importarme menos, pero si tener un montón de bocinas por todos lados lo hace feliz, pues venga.

Él estaba emocionado porque si hay algo que nos gusta, es sentarnos a ver películas juntos, y qué bueno que nos gusta, porque después de nacer la Frijolita fue una de las pocas cosas que podíamos hacer. Cuando ella era una recién nacida, no podíamos salir porque yo estaba recién operada (auch, la cesárea), tenía muchos problemas con la lactancia que no me dejaban moverme bien del dolor y sufría del famoso baby blues que me hacía llorar a la menor provocación. Por si fuera poco, apenas y tenía tiempo de bañarme, así que mucho menos podía pasarme horas maquillándome o peinándome y mejor ni les cuento del drama que se suscitaba cuando trataba de vestirme y confirmaba lo que ya sospechaba: que mi cuerpo era una zona de guerra y parecía más una ballena que una mujer. Así que mejor nos quedábamos a ver películas y series en DVD.

Los recién nacidos son la onda, sí claro, te levantan cada dos horas en la noche para comer, los tienes que cambiar a cada ratito y requieren de mucha atención, pero no por muchas horas porque lo único que hacen (además de comer y hacer pipí y popó) es dormir, además de que como no se mueven mucho, se la pasan quietecitos, como tamalitos en donde los tengas, los brazos, la cunita, tu cama... aaaaaah, tan lindos los recién nacidos.

Además, no se dan cuenta de lo que estás viendo en la tele mientras duermen, así que no creo que la Frijolita recuerde que vimos la saga completa de Saw mientras ella estaba acostadita a nuestro lado ni que fue cuando ella era una bebecita que nos clavamos con The Big Bang Theory.

Nuestra deliciosa rutina de ver películas juntos continuó por muchos meses, y se fue modificando de acuerdo al crecimiento de la Frijolita, que dejó de ser un bodoquito inmóvil para convertirse, primero en un molotito que amenazaba con rodarse del sillón, y después en un torbellino que gatea más rápido de lo que yo pudiera haberme imaginado, que quiere agarrar y jalar todo lo que encuentra a su paso, que le jala la cola a Xuni, que se para y se cae todo el día y que en definitiva no conoce, ni le interesa, el concepto de estarse quieta dos horas seguidas (vaya, ni cinco minutos).

El día que el esposo compró su sistema de sonido fue el día que nos dimos cuenta de que había que dejar las películas para cuando ella estuviera dormida y en su cuna (algo que no pasa muy a menudo por periodos de más de una hora), y digamos que lo aprendimos a la mala.

A él se le ocurrió que no había mejor forma de estrenar su juguetito que con una película de guerra porque obviamente los efectos de sonido se escucharían fabulosamente "¡como si estuviéramos ahí!", dijo él, muy emocionado. Yo accedí aunque ODIO las películas de guerra pero pedí que fuera algo "de guerra, pero no tan de guerra" y nos decidimos por Triage (muy buena en mi opinión, por cierto).

Todo iba muy bien, la Frijolita y yo estábamos sentadas en el sillón jugando, ella sin siquiera voltear a la televisión, cuando de repente... 

 ¡POOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM!

El esposo tenía razón, la explosión principal de la película se escuchó casi como si estuviéramos ahí... pero claro, nosotros sabíamos que no estábamos "ahí", pero la Frijolita no y pegó semejante grito de terror mientras levantaba sus manitas... sólo le faltó gritar "¡aaaaaaaaah, nos invadeeeeeeen!".

Yo me salí corriendo de la sala hacia el jardín y comencé a distraerla... ella, sin llorar, pero cautelosa, comenzó a voltear para todos lados como diciendo "yo escuché algo ¡aquí pasó algo!", pero al no ver nada sino mi sonrisa tonta de "jiji, perdón" hizo una cara como de "eeeeeeh, jeje, qué oso ¿eda? Lalala, no pasó nada", y ambas fingimos demencia y volvimos a entrar a la casa.

La verdad es que al esposo y a mí nos dio un poquito de risa (oqueeei, mucha), de esa risa nerviosa y culposa porque a la vez nos sentíamos de la patada de haberle provocado tremendo susto a la Frijolita, pero de alguna manera ese incidente fue un despertar para nosotros. Nuestra bebé ya no es nada más un bodoquito que casi no interactúa con su medio y se dedica a dormir y comer, ahora la Frijolita ya es una niña que comienza a estar mucho más al pendiente de su entorno y a recibir todos sus estímulos al por mayor.

Por supuesto, el incidente de la bomba en surround nos llevó a ser mucho más cuidadosos con qué estamos viendo cuando ella está presente y a tratar de mantener el nivel de ruido lo menos intrusivo posible para que no esté con sus sentidos alterados todo el tiempo.

Yo, la que se preguntaba con cierto hartazgo "ay ¿por qué los papás a fuerza tienen en la tele todo el tiempo cosas para niños? Guácala", ahora soy fan de Handy Manny.

¿Y el surround system? Ahí, sirviendo de reproductor de DVD, esperando a que sea de noche para que veamos películas, sin explosiones, y a volumen medio.

Frijolita 1- Surround System 0.

Friday, June 25, 2010

Los seis meses

La Frijolita ya cumplió seis meses y estoy adorando esta edad. Ya dejó de ser un bodoquito adorable que se dedica a comer y dormir y se está convirtiendo en una niña pequeñita que cada vez más va mostrando su personalidad.

Es increíble ver cómo esa cosita que casi no se movía ahora no se está quieta y responde a todos los estímulos a su alrededor. A estas alturas ya sé qué canción le gusta más para jugar y cuál para dormir; ahora sé que sus risas no son un reflejo fisiológico sino una respuesta a alguna tontería mía, de su papá o de nuestra perrita Xuni.

No dejo de sorprenderme al ver cómo va conociendo el mundo, cómo el sonido que hace un ave le parece tan extraordinario, cómo el sabor del puré de pera es un descubrimiento enorme para ella y cómo cualquier paisaje, por sencillo que sea, le resulta sorprendente.

Qué rico debe ser que el mundo sea todo nuevo para uno, tomamos tantas cosas por hechas que ya no nos detenemos a observar todas las maravillas, grandes y chiquitas, que existen a nuestro alrededor.

La Frijolita va poco a poco convirtiéndose en una personita y yo disfruto mucho ser a la vez observadora y participante en el proceso.  Estamos aprendiendo los tres juntos.

¿Qué estamos aprendiendo actualmente? Estamos aprendiendo a comer sólidos, a gatear y a balbucear, todas ellas actividades difíciles y extenuantes, eso de aprender a no succionar sino "comer", a doblar las rodillas y levantar las pompis y a mover la boca para emitir sonidos que se parezcan a los que hacen mamá y papá no es cosa fácil, toma tiempo, práctica y paciencia de todas las partes involucradas.

Hoy sabemos que el cereal de arroz, el puré de blueberries con manzana, el de manzana y el de pera son éxitos totales, que la papilla de butter squash no es del agrado de su paladar y que no está muy segura sobre los chícharos; sabemos que intenta con todas sus fuerzas gatear, que a veces se cansa y se rinde, pero que siempre lo vuelve a intentar (creo que es algo terca como sus papás) y sabemos que está tratando de imitar el "ma- ma" que tanto le repetimos, pero que, honestamente, es más divertido hacer trompetillas, sobre todo a la hora de la comida, sobre todo si es butter squash, sobre todo si está estrenando blusa mamá.

Mientras más crece la Frijolita, es más demandante, quiere más atención y distracciones, quiere que jueguen con ella, que le lean, que le canten. Atrás quedaron los días en que dormía casi todo el tiempo y podíamos dejarla en su cunita y hacer otras cosas; ahora todo el día es tiempo que hay que invertir en ella. Al principio me costaba trabajo pensar en qué hacer, pero la realidad es que los bebés son muy fáciles de complacer, no requieren de clases complicadas ni de juguetes costosos, lo que necesitan es tiempo, tiempo para que extiendas una sábana en el piso y te tires a su lado mientras hacen lo suyo (tratar de sentarse, tratar de gatear, rodarse de un lado a otro), tiempo para leerles un cuento, para cantarles, para estar con ellos. Todo ello ha requerido de un ajuste de mis días y de un sistema un poco más rígido de organización de mi propio tiempo (próximo post al respecto) pero todo vale la pena, sobre todo cuando llega mi momento favorito del día: dejar a la Frijolita en pañal, acariciarle la espalda y hacerle cariñitos hasta que llega la hora del baño.

Qué rico es aprender a disfrutar de los placeres más pequeños con alguien tan pequeño. Amo esta edad.