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Saturday, April 5, 2014

Cuestión de disciplina

Pues vine, y ya casi me voy otra vez. Decidí venir a presentar concurso de ascenso (bautizado por mí como "The Hunger Games") a pesar de que mis posibilidades son extremadamente magras. Una parte de mí sentía una enorme culpa por dejar al marido y la oficina durante dos semanas para terminar siendo masacrada por los sinodales, pero resultó que la experiencia -que aún no termina- me ha dejado un gran aprendizaje que espero tenga un impacto a largo plazo.

El concurso es largo, estresante y desconcertante; se divide en etapas y al término de cada una cada quien cuenta con un puntaje que lo va acomodando en un ranking y solo ascienden quienes estén dentro de los primeros lugares (hay un número limitado de plazas). La primera parte consiste en una revisión del expediente personal, incluyendo evaluaciones anuales, puntos por actividades académicas y un escrito donde uno mismo debe defender las razones por las cuales merece ascender.

Al final de esa primera etapa ya había quedado muy atrás, y estaba decepcionada porque no me parecieron justas ni las evaluaciones ni la calificación de mi escrito, además de que me sentí frustrada por no tener más puntos académicos. Me enojé mucho y en principio había dicho que no vendría, pero mi marido y mis papás me convencieron y después de la segunda etapa (una revisión de la primera donde puedes solicitar aclaraciones) bueno, heme aquí.

¿Me preparé para la tercera etapa? La verdad creo que no, y lo digo porque nunca me diseñé un plan de estudio y me limité a ponerle más atención a las noticias y a tratar de seguir más puntualmente los temas que "supuestamente" me interesan... y digo supuestamente porque a veces siento que no sé qué es lo que me interesa, o más bien, las cosas que verdaderamente me interesan parecen no tener cabida en mis labores diarias, y las que deberían interesarme no me apasionan lo suficiente. Tema de otro post.

Pero bueno, después de un viaje infame del cual ya no me quiero acordar (te odio United Airlines) llegué a casa con mis papás, descansé medianamente durante un día (porque NIÑOS) y me fui a hacer mi examen escrito.

Y a partir de ese día sucedió algo interesante. Primero, me di cuenta de que la mayor dificultad de estos concursos es que compites contra gente de altísimo nivel. Cuando fue mi concurso de ingreso, competí contra algo más de 1,000 personas por 25 plazas, pero con toda franqueza, la gran mayoría no tenían nada qué hacer ahí; el verdadero concurso fue quizá entre, no sé, 300 personas, si acaso. Los concurso de ascenso son diferentes porque ahora te enfrentas a 100 personas por 20 plazas, pero esas 100 personas tienen un nivel similar, o superior al tuyo. Son los Hunger Games, The Quarter Quail: Victors VS Victors.

Darme cuenta de eso, lejos de intimidarme, me hizo darme cuenta realmente de qué tipo de juego estamos jugando. La competencia es tan dura, que no queda más que superarse a sí mismo y realizar un trabajo continuo y consciente para ello.

Por ejemplo, una querida amiga mía, terminó su ensayo en, no sé, menos de dos horas y sacó una de las mejores calificaciones, igual que otra queridísima amiga que terminó hasta el final. La primera tiene, sin duda, un don difícil de igualar o superar, eso es talento y no otra cosa. La segunda tiene el don de la dedicación absoluta y la disciplina, que combinada con su talento, le traen siempre muy buenos resultados.

A mí me fue... bien, así, a secas. Bien porque no hice el ridículo, pero tampoco obtuve un resultado extraordinario. El año pasado recuerdo haber salido del examen escrito sintiéndome MUY BIEN, y la decepción fue mayúscula cuando vi mi calificación . Este año salí con sentimientos encontrados, en su momento sentí que había hecho lo posible, pero me quedaba la inquietud de si podría haberlo hecho mejor (la calificación me demuestra que sí). Ya en casa pasados unos días releí mi ensayo y me di cuenta de que tenía algunos saltos de ideas y un par de imprecisiones que seguramente me costaron varios puntos.

Entonces, como decía, me di cuenta de que la competencia es de primer nivel y de que la mayoría de mis compañeros y amigos tienen destacadas capacidades por lo que sin duda se trata de un concurso difícil ya que las plazas son sumamente limitadas.

De lo segundo de lo que me di cuenta fue de que, con toda honestidad, ha habido muchas fallas por mi parte y que me están costando caro. Desde que releí mi ensayo, no ha dejado de resonar en mi mente algo que me dijo mi maestra de piano hace muchos años: "Esto es 25% talento y 75% disciplina"; aunque ella se refería a la música, lo mismo aplica para mi carrera y para muchas cosas más. Durante los veintitantos años que toqué piano, nunca me consideré particularmente talentosa, pero precisamente por eso, fui muy dedicada y muy disciplinada. 

Esa disciplina que me dio la música la trasladé a las demás áreas de mi vida y eso explica por qué me fue tan bien en la Universidad y por qué ingresé al gremio. Sin duda algunos de mis compañeros que ingresaron no estudiaron o estudiaron poco, pero yo no podía darme ese lujo, yo estudié y me esforcé muchísimo para presentar el concurso de ingreso, sin excusas, sin pretextos y con una rutina feroz, cuadrada y precisa. Claro, no tenía hijos y tenía 23 años, pero tenía un trabajo de tiempo completo en otro país, así que tenía que organizarme bien.

No puedo dejar de sentir que he perdido esa capacidad de concentrarme al grado de antes. Aunque sigo siendo bastante organizada y soy fiel creyente de las rutinas (incluso estos días establecí una muy sencilla con los niños que me ha funcionado de maravilla), estos años desde que nacieron mis hijos han sido una vorágine de falta de sueño, ocupaciones - y preocupaciones nuevas-, cambios, dificultades y demás. No quiero poner a mis hijos de pretexto, pero la realidad es que pasé cuatro años y pico tratando de encontrar un punto de equilibrio que apenas siento que voy encontrando. Y claro, aquí habría que aclarar que si lo voy encontrando no es mérito mío sino del tiempo, porque mis niños son más grandes y sus necesidades cambian, dejándome un poco (pero solo un poco) más de tiempo para otras cosas.

Así que bueno, ya es hora de volverse a disciplinar y corregir fallas que se han ido acumulando; la primera, que he dejado de escribir. ¿Por qué? No ha sido tanto la falta de tiempo sino la falta de ganas de decir algo que quepa en más de un par de tuits. Este dejar de escribir me está pesando porque ya me di cuenta de que a la Mothership no le gusta cómo escribo  y no sé por qué, pero entonces es algo que hay que trabajar y justo ayer un amigo mío me decía que no hay nada mejor para escribir bien que escribir y escribir y escribir. Así que ese es mi propósito principal, escribir.

Y esa es la razón de este post. Es un intento quizá vano y poco acertado por volver a escribir, pero es un intento al fin, y es también un intento por poner en orden las conclusiones a las que he llegado después de este largo proceso que entra en su etapa final este lunes cuando presento mi examen oral. El año pasado me sentí fatal, espero que este año pueda defenderme mejor (por lo menos llego, creo yo, bastante mejor preparada). Sé muy bien que no voy a ascender, pero no tienen idea de lo mucho que me ha servido todo esto para poner manos a la obra porque ha aterrizado más en mí la noción de que debo escribir más, leer más, interesarme más en ciertos temas y no perder de vista que esta es una carrera de distancia y no de velocidad, pero que además requiere de mejor planificación de mi parte. El bosquejo está tomando forma en mi cabeza, veremos qué tanto éxito tiene mi idea en la próxima ocasión.

Monday, March 3, 2014

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar...

Vivo fuera de México por mi trabajo, y mudarse de aquí a allá es parte del mismo. También es parte del mismo volver a México cada determinado tiempo. Recuerdo que cuando llevaba menos de cinco años en el exterior moría por regresar, me mataba la nostalgia y hubiera dado cualquier cosa por volver... pero no volví porque no me tocaba y porque las oportunidades que aparecieron nunca se concretaron. 

Al pasar el tiempo, dejé de sentir la necesidad apremiante de volver y comencé a acostumbrarme a vivir así, en el "exilio" que le llamo, pero sobre todo durante los últimos dos años, empecé a acostumbrarme a vivir en Canadá y a ser feliz aquí.

La realidad es que no fue nunca verdaderamente feliz en Atlanta, ni en China, y tampoco lo fui del todo en Ontario, pero Alberta me fascina a pesar de su cruel invierno que parece nunca terminar. Todos los días cuando manejo al trabajo puedo ver el centro de la ciudad con las montañas de fondo y me siento afortunada de vivir aquí. Sé que mi tiempo aquí está contado, pero con toda franqueza, esperaba que ese tiempo se prolongara un par de años más; en mi cabeza hacía cuentas y tenía la esperanza de que al momento de irnos, mis hijos ya estuvieran, los dos en la primaria.

Una temida lista que salió el viernes me trajo de regreso a la realidad. Cuatro años más aquí es absolutamente irreal si consideramos que llevo casi nueve años fuera como parte del gremio, diez contando el tiempo que pasé en Atlanta. De repente me cayó el veinte de que, si están regresando a colegas que llevan el mismo tiempo que yo, es muy probable que el año que entra me toque a mi volver.

El peso de esa realización no es para menos porque diez años fuera es mucho tiempo. Tengo 32 años, y eso significa entonces que he pasado una tercera parte de mi vida fuera de mi país. Regresar va a ser, sin duda, un shock parecido al que viví cuando me fui a vivir a China.

Hay muchas cosas que me preocupan y me asustan. México no es el mismo país que dejé, y tristemente no cambió para bien. Mis miedos van desde los más absurdos (¿qué voy a hacer sin Target?) hasta los más elaborados, me preocupa mi marido que no habla español y es rubio de ojos azules, me preocupan mis hijos con su mal español (¿y si se burlan de ellos en la escuela?); tengo miedo de que nos asalten, tengo miedo del tráfico y las largas distancias, pero sobre todo, tengo pánico de los horarios de trabajo que seguramente no me permitirán pasar tanto tiempo con mi familia. Se me apachurra el corazón de pensar que solo veré a mis hijos un ratito por las mañanas y los fines de semana, no puedo con la idea.

Pero falta mucho, por lo menos un año, y sin embargo, al ver a mis amigos y colegas iniciar el retorno a casa no puedo evitar pensar que pronto me toca a mí y la cabeza se me llena de preocupaciones y preguntas, aunque también de felicidad porque, finalmente, si elegí este camino fue, precisamente, por un amor profundo a mi país, y sé que necesito volver para reconectarme y para refrendar ese compromiso por México.

Y claro, la gran mayoría de la gente que quiero está allá. Mis papás, mis abuelos, mi hermano y su familia, mis tios, mis primos, mis amigos de toda la vida que no me han abandonado a pesar de la distancia. Tengo que regresar por ellos, tengo que regresar a abrazar fuerte a mis abuelos y a disfrutarlos lo más posible, a dejar que mis papás llenen a sus nietos de besos y de abrazos diarios. Tengo que regresar a reachilangarme, a dejar de temerle a esa ciudad gigante, ruidosa y desordenada y volver a hacerla mía. Tengo que volver a casa.

Aunque falte mucho, no está de más irme haciendo a la idea de que los febreros gélidos quedarán pronto en el pasado para darle paso a las jacarandas. 

Tuesday, December 31, 2013

Bienvenido 2014

Sigo siendo la misma cursi de ayer que escribe sus deseos y objetivos para Año Nuevo, así que aquí vienen los míos:

1. Convertirme en Líder de La Liga de la Leche.

2. Tomar un curso de decoración de galletas y/o pasteles

3. Ir a snowboardear por lo menos una vez esta temporada y no tener miedo a las caídas.

4. Tomar una clase PARA MÍ de TRX o yoga o lo que encuentre.

5. No dejar de hacer ejercicio y comer BIEN.

6. Sí cumplo el número 5, ponerme dos tatuajes más.

7. Ser mejor nieta y llamar más seguido a mis Abus.

8. Jugar menos con el teléfono.

9. Intentar hacer más manualidades con mis hijos (¡es que no se me dan!).

10. Estudiar bien y hacer un buen papel en los Hunger Games.

11. Correr mi primera carrera de 10k.

Pero sobre todo, disfrutar la vida, ser paciente, sonreír, perdonar, superar las adversidades y SER FELIZ.

¡Feliz Año Nuevo y salud!







-- Publicado On The Road

Tuesday, October 29, 2013

Empiezan las festividades

Tuvimos un verano ocupadísimo entre visitas, inundaciones catastróficas en la ciudad, muchísimo trabajo, un par de paseos, y demás cosas que no me dejaron ni un momento para escribir.

Cuando se vive en un lugar donde el invierno es crudo y dura ocho meses, el verano se disfruta enormemente. Creo que saber que el sol y el calor no van a durar mucho hacen que uno trate de pasar el mayor tiempo posible afuera, tratando de llenarse de luz y de calor. Así que eso hicimos, pasárnosla afuera, caminando, explorando y dejando que se nos tostara un poquito la piel.

Pero todo eso ya se acabó. Apenas llegó septiembre y las temperaturas empezaron a bajar señalando la hora de preparar el jardín para el invierno y de sacar los adornos de otoño para alistarse para Thanksgiving.

El Thanksgiving canadiense se celebra el segundo mes de octubre, pero generalmente la cena se lleva a cabo el domingo para poder usar el lunes para reposar de la comilona. Este año, por segunda vez consecutiva, nos quedamos en casa y celebramos en compañía de mi suegro, un sobrino y un primo de mi esposo.

Yo no participé en la preparación de la cena porque no sé cocinar y porque es algo muy de mi esposo preparar los platillos tradicionales de su infancia. Sobra decir que fue todo un festín, el pavo estaba absolutamente delicioso y rematamos con un pie de calabaza que todavía se me antoja nada más de recordarlo.


Cabe mencionar que esta celebración es parecida a la estadounidense, pero difiere en cuanto a que no tiene nada que ver con leyendas de peregrinos e indígenas. Tradicionalmente, el punto central de esta celebración es agradecer que se tuvo una cosecha abundante que permitirá sobrevivir el invierno. Si se imaginan a los pobladores de áreas como Alberta hace más de un siglo, entenderán que la supervivencia en el invierno no es cualquier cosa, y tener comida suficiente para afrontarlo era motivo de festejo.

Esta fecha marca entonces para nosotros el inicio de todas las festividades de fin de año (aunque los festejos empiezan a finales de septiembre con el cumple de Borre y siguen con mi cumpleaños en octubre).

Quizá una de las fechas más significativas para mí es Día de Muertos, la cual se nos junta con Halloween. Celebramos ambas porque somos una familia bicultural y creo firmemente que es importante darle su justo lugar a todas nuestras tradiciones.




Además de poner la ofrenda, que es mi parte favorita, este año quise hacer pan de muerto porque por aquí es extremadamente difícil de encontrar y muy caro (30 dólares por un panecito mediano). Como en enero tuve una gran experiencia preparando la rosca (click, click, click), este año me aventé sin miedo a preparar el pan.

La receta, nuevamente, la obtuve del sitio "Mexico in my Kitchen" y no tuve que hacerle ningún cambio. Solamente, como con la rosca, es importante procurar que la cocina esté calientita para que la levadura suba, de lo contrario,  la receta nomás no sale.

Hacer pan no es tan difícil como muchos piensan, de hecho, me parece que la repostería en general (ojo, que no la decoración de la misma, ya verán más adelante) es bastante sencilla y me encanta porque requiere de orden y precisión. En lo particular, me gusta mucho tener perfectamente separados y listos todos y cada uno de los ingredientes a utilizar porque así la receta fluye sin complicaciones y sin estar buscando trastes y corriendo al refrigerador.

El truco con el pan es que lleva mucho tiempo prepararlo ya que requiere reposar un par de veces. En el caso del pan de muerto, lo otro que me costó trabajo fue hacer los huesitos porque no soy muy buena con las manualidades, pero me parece que el resultado fue muy bueno.

A los niños y al esposo les encantó, y también les gustó en la oficina, no duró ni quince minutos cuando ya se lo habían acabado. Recomiendo mucho prepararlo en fin de semana, cuando tengan mucho tiempo y paciencia y cuando no tengan planes de mucho más.

Sin más, aquí las fotos de mis panecitos.













Además de pan de muerto, decidí hacer por segunda ocasión galletas en forma de figuras de Halloween. Ahí sí todavía me quedo MUY corta, este año intenté una receta diferente tanto para la masa como para la cubierta y no me gustó. Me gustó más la receta de mi tía Ale donde la cubierta se prepara con jugo de limón ya que el sabor acidito resulta delicioso.


Esta vez, además, estoy segura que me distraje en algún momento y que le puse más harina a la receta de la que llevaba. La cuestión con la repostería es que este tipo de errores salen muy caros y en general es imposible corregirlos. No les comparto la receta porque tengo que volver a experimentar con la de mi tía en Navidad y si los resultados son mejores, ya se los comparto.

Con toda franqueza, me parece que las galletas me costaron más trabajo que el pan de muerto. La decoración sobre todo es todo un suplicio para mí, me siento como Homero Simpson con su especiero:





De por sí no sé dibujar, el manejo del icing me parece dificilísimo, pero espero tener mejores resultados en Navidad y que la receta ayude a que por lo menos el sabor sea espectacular.



Independientemente de los resultados, pasé un fin de semana muy a gusto conviviendo con mi familia y enseñándoles sobre nuestras tradiciones. Hoy haremos caras en las calabazas que tenemos este año y ya tenemos la casa más que lista para el jueves. Aquí el Halloween es cosa seria, pero también es cosa de solo un día, no hay eso que pasa en México de niños pidiendo dulces y dinero por todos lados durante una semana, aquí solamente se piden dulces de manera súper ordenada en las casas que tienen la luz de la puerta prendida durante una sola noche.

Lo que sí pido con todas mis fuerzas es que no esté nevando ni haga tanto frío, el año pasado nevó tanto y la temperatura estaba tan baja, que solo salimos a dos o tres casas y casi no llegaron niños a pedirnos dulces (y los pocos que llegaron lo hicieron en auto, ja). Ojalá el clima coopere.

¡Feliz Día de Muertos y Halloween!













Monday, June 10, 2013

La importancia del apego en una familia nómada

























No falta quien me dice que los niños y nosotros estamos "demasiado" apegados. Fuera de las comunes críticas con respecto a que si "sigo" amamantando a Borreguito o que si practicamos el colecho, un comentario frecuente es que tanto él como su hermana dependen demasiado de nosotros, o que viven pegados a su papá y a mí.

Hace unos meses fuimos de vacaciones a México y le pedimos a mis papás que nos cuidaran a los niños durante algunas horas para que pudiéramos salir con unos amigos al cine y a cenar. Nosotros la pasamos bien, pero la Frijolita pasó una hora llorando de seguido y Borre no quiso dormirse porque no estábamos ahí.

El comentario sobre la velada por parte de mis papás, sin ánimo de molestar, fue que tal vez lo mejor sería tratar de que los niños no estuvieran "tan pegados" a nosotros para que no sufrieran... claro, en México, donde estamos acostumbrados a tener familia por doquier y donde no faltan tíos, primos y amigos con los quienes convivir o a los cuales acudir para que cuiden a los niños suena fácil, pero ¿qué hacemos nosotros cuando lo único que tenemos es a nosotros cuatro?

Pues nada, querernos igual y llevar la misma dinámica que hasta ahora, justamente porque la única constante en nuestras vidas es que en la cotidianeidad solo nos tenemos nosotros cuatro.

A su corta edad, mis niños ya han experimentado tener que decirle adiós a alguien querido. Lo viven cada vez que vamos de visita a México o nos visita alguien y lo vivieron cuando nos mudamos de Tomatito a C-Town. Cada vez, decir adiós se irá tornando más difícil; ya se me arruga el corazón cuando Frijolita llora en el aeropuerto y cuando pasa días preguntando cuándo vuelven a venir los abuelos o cuándo volvemos a ir a México. A casi un año de habernos ido de Tomatito, Frijolita pregunta muy seguido, no solo por sus tíos y primos de sangre, sino por la familia postiza de la que nos hicimos allá y  por su maestra del daycare (cuando la inscribimos en pre-kinder acá, lo primero que quiso saber es si  ella iba a ser su maestra otra vez).

Mientras más pasen los años, las pérdidas se harán mayores (porque sí, son pérdidas), pero confío en que un apego sano entre nosotros cuatro contribuya a saber llevarlas de mejor manera.

La verdad es que no es fácil encariñarse con alguien sabiendo que un día, más o menos cercano (yo no he durado más de cuatro años en la misma ciudad) habrá que decir adiós. He oído de colegas que despúes de 15 años o más en el camino deciden ya no hacer amigos a donde llegan, argumentando ya no estar dispuestos a pasar por la tristeza de dejar más gente atrás. Yo misma encuentro muy duro tener que despedirme de gente con la que creo lazos fuertes porque, encima de todo, soy de las que crea lazos fuertes, y siempre me voy llorando por la gente que voy dejando atrás.

A pesar de todo, quiero que mis hijos aprendan a querer y que no tengan miedo a encariñarse a sabiendas de que siempre nos tendremos que ir; por el contrario, quiero que disfruten de la gente justamente porque no la tendrán cerca siempre, quiero que aprendan a no dar por sentado el afecto de nadie y que sepan valorar su presente.

Pero sobre todo, quiero que los cuatro tengamos un lazo fuerte y estable que nos permita a todos ir por el mundo sabiendo que el hogar está donde estemos los cuatro. Ciudades y países van y vienen y vamos dejando atrás gente que queremos, pero nosotros cuatro seremos la base que nos permitirá ir navegando entre tanta estabilidad.

No es idea mía, hace muchos años conocí a la hija adulta de un colega que a sus 22 años había vivido en ocho países diferentes en tres continentes. Cuando le pregunté si había sido difícil vivir así me dijo "la verdad no, porque mis papás se aseguraron de darnos un hogar feliz y estable, así que sabíamos que el "afuera" cambiaba siempre, pero nosotros permanecíamos unidos". 

No le puedo asegurar a Frijolita que empezará la primaria aquí, y seguramente Borreguito vivirá varios cumpleaños como recién llegado sin amiguitos a los cuales invitar, pero mientras nosotros sepamos proveerlos de un entorno donde se sientan amados y seguros, creo que podrán sobrellevarlo mejor.

Aunque claro, ya veo venir las lágrimas por los amores adolescentes perdidos... c'est la vie!




Monday, May 6, 2013

Saliendo un poco del clóset

¿Se han dado cuenta cuánto se habla de equidad de género, de feminismo y de la necesidad de que las mujeres tomen un papel más activo y más protagónico en todas las esferas del mundo laboral? ¿Cuántas veces no han leído artículos sobre "tenerlo todo" y cuántos de ellos no mencionan la necesidad de hombres más involucradas en la vida de familia? ¿Cuántas veces no han leído que es una pena que muchos hombres aún no estén dispuestos a dejar de lado su carrera para apoyar la de su mujer y lo lamentable que es que no muchos padres quieran pasar más tiempo con sus hijos o ser los principales responsables de su crianza? Seguramente han leído mucho sobre esto, pero quizá no conozcan a nadie que viva en una familia no tradicional con roles de género diferentes o invertidos.

Bueno, pues la mía es una de ellas.

Mi trabajo no es un trabajo, es un estilo de vida, uno que busqué y me gané a pulso y por el cual he estado dispuesta a dejar atrás muchísimas cosas, empezando por mi familia de origen y mi país. En nueve años he vivido en cuatro ciudades en tres países diferentes y me he mudado de casa seis veces. No tengo ni la más mínima idea de en qué país voy a vivir dentro de dos años ni qué idioma hablarán. Me he perdido bodas, nacimientos y mil y un fiestas y acontecimientos y todos los días, TODOS, extraño a mi familia y a los amigos que voy dejando atrás. Me es imposible echar raíces en los lugares donde vivo porque sé que un día me voy a ir, y sin embargo, el corazón se me rompe un poquito cada vez que dejo un sitio que fue mi hogar temporal porque no logro dejar de encariñarme.

Pero, por otro lado, he tenido la oportunidad de viajar a lugares que jamás creí conocer, he probado la comida más rica y la más extraña que jamás pude imaginar y he conocido gente increíble. Por todo esto, me sé una persona muy afortunada y trato de ser agradecida con la vida que me tocó vivir.


La mayoría de mis colegas mujeres podrían confirmar lo difícil de esta chamba para la vida personal. Nos mudamos muy seguido y generalmente nuestras labores demandan muchas horas de trabajo al día. La naturaleza inestable de nuestras vidas y la conformación misma de nuestra sociedad hacen sumamente difícil la vida de pareja, y es que, seamos honestos ¿cuántos hombres están dispuestos a aceptar sin chistar una vida de seguir a su mujer a donde la manden sabiendo que su propia carrera quedará en segundo término y siempre sujeta a los lugares en donde se encuentren? La realidad es que son pocos (aunque cada vez, creo yo, son más). Yo tengo la gran fortuna de tener a mi lado a un hombre que desde el primer momento supo que esto pasaría con él si decidía estar conmigo y que lo aceptó sin un ápice de duda.  Por esto, me siento increíblemente afortunada.

Me fui de México a Estados Unidos de manera "temporal" en 2004 y ya nunca regresé más que por temporadas; después vino China y más tarde Canadá. Los primeros años de mi carrera los pasé sola, no porque así lo quisiera sino porque así pasó, pero yo siempre supe que lo mío era formar una familia. Recuerdo que cuando me mudé de China a Canadá, el día que cerré la puerta del que fue mi departamento me dije que sería la última vez que me mudaba sola y así fue. En Canadá conocí al Maple Pie y como en película y como relámpago en muy poco tiempo ya habíamos formado no solo una pareja sino una familia.

Desde el principio la prioridad fue mi carrera, y cuando estaba embarazada la primera vez, juntos tomamos la decisión de que él se quedaría a cuidar de nuestra hija por lo menos durante el primer año. Las razones, para nosotros, fueron muy lógicas y coherentes, yo no podía darme el lujo de dejar de trabajar, él podía recibir apoyo del gobierno canadiense para cuidar a la niña durante el primer año y ambos preferíamos que ella pasara sus primeros meses al lado de sus padres sin estar horas y horas en una guardería. Antes de terminar el primer año, decidimos tener otro bebé y volver al arreglo que hicimos con nuestra hija mayor. Ahora ella tiene tres años y nuestro niño tiene un año y medio. Nuestro arreglo ha ido variando con el tiempo, pasando por una fase donde solo yo trabajé tiempo completo fuera de casa, una donde ambos trabajamos tiempo completo fuera de casa (donde sí tuvimos que recurrir a guardería de tiempo completo, tema de otro post), llegando a ésta en la cual yo trabajo tiempo completo fuera de casa y él trabaja medio tiempo fuera de casa y nos repartimos el tiempo dentro de casa y con los niños.

A nosotros nuestro arreglo siempre nos ha sonado lógico, pero eso no significa que a los demás les parezca así. Como les decía al inicio, leemos y leemos artículos lamentando la falta de apoyo por parte de los hombres para que las mujeres prosperen, pero la realidad es que familias como la nuestra viven mucho desprecio e incomprensión día a día. Nosotros hemos tratado siempre de hacer oídos sordos y de pretender que no nos importan las cejas levantadas, los comentarios venenosos y el ninguneo hacia los dos, pero la realidad es que sí pesa sentir la desaprobación generalizada y molesta la sensación de tener que defender nuestras decisiones.

Nuestra reacción ha sido, por lo general, evitar hablar de nuestra situación con los demás. Somos parcos y secos con nuestras respuestas y creo que incluso nos ponemos a la defensiva si alguien mete las narices tantito de más. Vivir así no es fácil, luchamos contra los estereotipos sociales arraigados en los demás, pero también en nosotros mismos. No dudamos de nuestras decisiones, pero afrontarlas no siempre es fácil y, como todos, tenemos altibajos y batallamos con las consecuencias que nos toca vivir.

Con todo y todo, somos felices y amamos la familia que tenemos. Ser los papás de Frijolita y Borreguito es un absoluto privilegio que jamás damos por sentado, y tenemos muy claro que si bien mi carrera es la prioridad entre los dos, lo verdaderamente importante, lo absolutamente primordial, es el bienestar de nuestros hijos. Por eso este arreglo, por eso nuestras decisiones. Mi carrera debe ser cuidada porque es para ellos, porque al final, todo lo que haga será para que ellos estén mejor.

Estoy orgullosa de mi esposo, de sus sacrificios y su entrega; de su absoluto convencimiento de que nuestros hijos deben estar con uno de los dos y no pasar diez horas al día al cuidado de alguien más y creo, ahora, que ese orgullo no debe quedar como algo oculto entre nosotros dos, que ese agradecimiento no debe ser privado sino que debemos estar abierta y públicamente orgullosos de la familia y la pareja que somos. Quiero creer que eso ayudará a limpiarle las telarañas de la cabeza a quien las tenga y a que otras parejas y familias como la nuestra celebren su forma de vida. Yo sé que las hay, sobre todo entre mis colegas; creo entonces que llegó la hora de hablar más de los retos que afrontamos y de las peculiaridades de nuestra situación. Bienvenidos pues, a este renovado espacio.


Sunday, April 21, 2013

Experimentando con Busy Bags


Ayer vi un post de @soy_mama sobre las "Busy Bags" o "Bolsas para Descubrir" (pueden también ver su tablero en Pinterest sobre el tema aquí)y quise animarme a hacerlas.

Como muchos saben, no soy muy buena que digamos para las manualidades; carezco de imaginación y de talento, pero hay Busy Bags para todas las capacidades y las que hice son de las más fáciles. También pueden llegar a ser muy baratas. Me gasté 9 dólares (canadienses) en comprar todo (menos el Play- Doh y los recipientes que ya tenía), y eso incluyó 2 dólares que pagué de una bolsita de cuentitas verdes que el Borre rompió en plena tienda (ya se imaginarán el ruido y el oso, no me la querían cobrar, pero a mí me apenó mucho que estaban las cuentitas regadas por todo el piso ¡madre, espero que estés orgullosa de mí!).

Decidí hacer las bolsas pequeñas para poder llevarlas a donde sea. Es importante resaltar que todas requieren de mucha supervisión adulta porque incluyen cuentas y objetos muy pequeños. 

¡Y sin más preámbulo, aquí mis bolsitas (chundas)!

Compré moldes de números, bolsitas de tela, pompones pequeños, limpiapipas de colores, cuentas y palitos de madera de colores

Las separé en azul para Toddlers y verde para Preschoolers, pero repetí una actividad porque ya conozco a mis enanos y seguro se pelearán por tener lo mismo

Estas son las bolsitas de Preschooler:
1- Palitos de colores para hacer formas
2- Cuentas, hilo y botones para hacer collares y pulseras
3. Plastilina y moldes de números y signos aritméticos

Para Toddlers, hice:
1. Botecito para meter pompones
2. Botecito para meter limpiapipas de colores
3. Palitos de madera para hacer figuras

El tamaño me gustó porque están muy fáciles de llevar

Es súper buena idea decorar las bolsitas y ponerles el nombre de la actividad, pero la verdad es que decoro feo y me da pena enseñarles cómo me quedó el intento de decoración. Ustedes que son mas talentosas, inténtenlo.

A los niños les gustaron. Ya jugaron con dos bolsitas cada uno, y aunque a Borre le cuesta trabajo no meterse los pompones a la boca, y luego terminaron jugando uno con la bolsita del otro, creo que mientras más las vean más les gustarán. Ya despúes podremos experimentar con más tipos de bolsas y nuevas actividades.

Todas las ideas las saqué de los blogs que compartió @soy_mama, échenle un ojo a su tablero en Pinterest y a su blog.

¡Feliz semana a todos! Perdón por los pelos de mis hijos, es domingo y fuimos a nadar ;)

Frijolita con la actividad de plastilina y moldes de números

Borre con la actividad del recipiente y los limpiapipas